La parte de la historia a la que no quería llegar: “Mamá, me van a expulsar”
Toda la historia de “Mis Viejos Adolescentes” gira en torno a los errores cometidos por mis “hijos” sin embargo llega un momento en que los mismos hicieron su vida y luchan por sus propias metas y objetivos. Papá tras casarse alcanzó un puesto de relevancia en la organización religiosa a la que pertenecemos, y mamá se concentró cada vez más en su trabajo ya que está a las puertas de concretar una gran meta.
Pero este joven también y cometió muchos errores, esta parte de la historia quizás sea la más dura ya que debido a las normas de conducta a la que fue educado en la religión que profesa, ciertos actos son considerados como pecados graves, y a esos “malos deseos” fue a los que sucumbió este hijo que se creyó padre de sus padres.
El año 2016 traía consigo muchas expectativas, defender la tesis, un nuevo trabajo, retomar actividades complementarias que le dan cierto sentido a la vida, viajar y seguir trabajando a pesar de los reveses emocionales que su madre pueda traer a colación en cualquier momento.
2016, nuevos desafíos y algunas pérdidas.
Tras culminar un enero largo y caluroso, comenzó el periodo de aclimatación a mi nuevo lugar de trabajo, posteriormente, a mediado de febrero caigo enfermo de dengue lo cual me tuvo a muy mal traer por un lapso de dos semanas y media, esta enfermedad me postró por cuatro días en una sala de hospital, de no haber sido asistido en el momento justo, estoy más que seguro que me hubiera costado la vida ya que tres noches antes de internarme perdí el conocimiento en varias ocasiones debido a la presión alta y la fiebre que erróneamente la había combatido con mantas.
Luego de salir del hospital, me enteré que mi abuelo materno iba a ser internado debido a una complicación en varios de sus órganos. Tan solo una semana después de mi alta médica, mi hermano menor contrajo la misma enfermedad lo cual generó un gasto extra que superó nuestra capacidad de sustento.
Ambas enfermedades agotó mentalmente a mi hija madre ya que afrontó muchas noches en vela para cuidar de nosotros. Los aprietos económicos se hicieron mucho más fuertes y a esto se le sumó que mi abuelo ingresó a terapia intensiva y por un lapso de dos meses mamá iba y venía del hospital en donde su padre estaba internado, posteriormente la situación del mismo empeoró rápidamente y finalmente murió tras dos semanas de ingresar a cuidados intensivos.
Mamá no descansó en dos meses, tenía una energía y actitud mental loable pese a su condición de relativa discapacidad. No obstante, dos semanas más tarde asimiló la pérdida de su padre y empezó a sentir el duelo. A tan solo una semana de la muerte de mi abuelo, Brenda, la perrita de mamá, contrajo una infección que la llevó en pocos días. Brenda murió en los brazos de mamá en una noche fría de jueves.
Ella estaba inconsolable pero lo pudo superar al poco tiempo, en cierto momento ella me decía; “¡¿Por qué tantas pérdidas, una tras otra?! Son muchas las pruebas que se nos está poniendo en frente.
Por cuestiones que nunca lograré comprender, en la noche en que falleció nuestra perrita, decidí ponerme a disposición de los pastores de mi congregación en referencia a algunos hechos que habían ocurrido, de los cuales me hice responsable y que obviamente iban en contra de las reglas de la iglesia.
Fueron las dos semanas más largas de mi vida, y finalmente los pastores decidieron darme de baja como miembro de la iglesia. Nunca antes había experimentado un sentimiento de pérdida tan grande, pero dicha sanción era merecida ya que de tan embotada que estaba mi conciencia llegué a tener un concepto sobrevaluado de mi mismo y a ponerme como ejemplo cuando en realidad llevaba una doble vida.
Tras conocer la sanción puedo decir que literalmente me saqué una gran ancla que me impedía progresar en un aspecto muy importante para cualquier ser humano, su lado espiritual.
Llegó el momento de comunicarle a mamá sobre la noticia de mi excomulgación. ¿Pero cómo? Faltaban siete días para el anuncio oficial de mi baja, faltando dos semanas para eso, decidí que era el momento de contárselo.
Un tarde agarré el teléfono para enviarle un mensaje en donde le iba a decir que necesitaba hablar con ella, mamá estuvo viviendo fuera de casa al menos dos meses por razones laborales, y por ende, solo la veíamos los fines de semana. Apenas me dispuse a escribir el mensaje, recibo un texto de ella diciéndome me que está muy feliz, y que encontró una persona así tal cual había pedido a Dios desde hace mucho tiempo.
Por supuesto que tuve que abortar el mensaje que planeaba enviar, tras unos minutos me dice; “hijo me voy a casar, ya está todo hablado, será con separación de bienes y la ceremonia se realizará en un mes, el próximo sábado queremos hacer una cena para formalizar ante vos y tu hermano nuestro compromiso con la persona con quien me voy a casar”.
Por un lado me sentí más que aliviado al saber que alguien cuidaría de manera más completa a mamá, pero por el otro, estaba mi preocupación por cómo tomaría la noticia de mi expulsión de la congregación ya que en tan solo 60 días había sufrido dos grandes pérdidas.
Una semana antes de que se realizara la cena de compromiso, conocí al que sería el nuevo esposo de mamá, de alguna manera ya estaba familiarizado sobre las creencias y estilo de vida que profesábamos, por lo que le explique mi situación y mi intensión de comunicarle a mamá sobre mi expulsión al termino de la cena. El hombre fue muy comprensivo y me dijo que no me preocupara, que él se iba a encargar de contenerla emocionalmente en caso de que no pueda asimilar de buena manera la noticia.
Llegó el día de la bendita cena en donde en frente de su familia y nosotros, colocó el anillo de compromiso en el anular derecho de mamá, un omento que paradójicamente se convirtió en un Deja vu que en cientos de ocasiones soñé con esa escena, eso sí, la comida estaba deliciosa.
Faltando un cuarto de hora para la media noche, le pido a mamá y a su futuro esposo unos minutos para hablar a solas con ellos.
- Mamá, estoy muy feliz por la decisión que vas a tomar, me hace feliz verte feliz, pero quiero comentarte lo siguiente. Después de analizar mucho, me he puesto la meta de mejorar mi relación con Dios, en muchos aspectos de mi vida, por lo que me he puesto muchas metas. Pero para alcanzar dichas metas debo primeramente ponerme al día con ciertos requisitos que conlleva la convivencia dentro de la iglesia; es por eso que me he puesto a disposición de los pastores sobre algunas conductas que tuve y por ese motivo seré disciplinado, el próximo jueves se anuncia mi expulsión de la congregación.
No quiero que nada de esto afecte tu alegría ya que es mi vida, mi relación con Dios; y realizaré los pasos correspondientes para subsanar dicha situación.
- Ella respondió con cierto asombro pero con una paz sorprendente: Entiendo hijo, te comprendo perfectamente, y es un paso importante, vos podes estar tranquilo que por lo menos quebranto de parte mía ya no tendrás, no te preocupes, yo entiendo que esto es un proceso que en tu caso sé que lo superaras de buena manera, no te apures, tómate tu tiempo, porque sabes que Dios y su iglesia te esperarán de nuevo con los brazos abiertos.
La historia continuará...
Foto: sinfloro.blogspot.com