Caí y me dejé caer, por valiente y por curioso. Caí por unas ganas re parecidas a las mías, bien demostradas. Caí por unos mensajes de buenos días, por las preguntas más obvias, bien merecidas, porque nunca antes alguien se había tomado el trabajo de preguntarlas (a veces ni siquiera sabemos de las más obviedades). Caí por muchas cosas y me dejé caer por otras más. Pero caí, y me dejé caer. Y cuando abrí los ojos y miré para abajo, para dónde estaba cayendo, me preparé para el clavado.
Perdide.













