Alguien va a tener ganas, supongo, de adueñarse de un poema, y convertirse en el poema, quizás.
Pero qué maravilla es que sea el poema la musa para la persona, y no al revés.
Perdide.
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Alguien va a tener ganas, supongo, de adueñarse de un poema, y convertirse en el poema, quizás.
Pero qué maravilla es que sea el poema la musa para la persona, y no al revés.
Perdide.
Quiero bailar, quiero fumarme todas las flores, quiero escuchar música siempre, quiero escribir, quiero todos los poemas, todas las prosas, todos los mates, los tés, los cafés, y unas birras. Quiero viajar en tren, quiero salir a caminar, quiero quedarme en el sofá, viendo cualquier película, cualquier serie, comiendo cualquier cosa rica. Quiero bailar frente al espejo y reír, a carcajadas, quiero todos los puchos, quiero pasarme horas incontables en el colchón, en la tranquilidad del mediodía de miércoles a la siesta o domingo a la mañana, y al revés.
Y quisiera hacer todas esas cosas con vos.
Perdide.
Me enamoré mil veces, todas de vos.
Perdide
Caí y me dejé caer, por valiente y por curioso. Caí por unas ganas re parecidas a las mías, bien demostradas. Caí por unos mensajes de buenos días, por las preguntas más obvias, bien merecidas, porque nunca antes alguien se había tomado el trabajo de preguntarlas (a veces ni siquiera sabemos de las más obviedades). Caí por muchas cosas y me dejé caer por otras más. Pero caí, y me dejé caer. Y cuando abrí los ojos y miré para abajo, para dónde estaba cayendo, me preparé para el clavado.
Perdide.
Caminando suavemente como deslizándome con los auriculares cubriéndome del viento en las orejas y los pensamientos perdidos como si estuviera en el videoclip del tema que escucho pero con un poco más de barro y humedad, esquivando pozos y charcos, con perros ladrando de fondo.
Perdide.
Estoy cansado de enamorarme de gente que me hace daño y de no poder sentir así por personas que me regalarían el infierno si yo lo quisiera -y lo quiero-. Estoy a un punto y coma de odiarme por ello. Perdide
Dejame, por favor, apretarme contra tus caderas, hacerte mates en las tardecitas, y armar, sólo para vos, sólo para el mimo que vuelve hacia mí.
Pero que el mimo vuelva, y sea vaivén cíclico.
Perdide.
Encontrarte en alguna calle de Buenos Aires alguna vez.