¿Y si me pierdo en el cosmos de tus ojos marrones?
¿Y si jugamos a ser el bueno y el malo?
¿Y si luego de despertar te acaricio la frente?
¿Qué dices si te reto a ser independiente? ¿O si me enredo en la maraña de tus dudas existenciales?
¿Y si me dejas salvarte para que me salves a mí?
¿Cómo te suena tomar un café, sentados en los anillos de Saturno?
¿O si velas mi sueño cuando no pueda descansar?
¿Qué me dirías si te propongo conocer el universo de mis labios? ¿O pasearnos por el asfalto de mis hombros?
Quizá te diga que quiero llevarte a volar en el mar, o que me nace llevarte a navegar los cielos.
Y quizá la luna hoy se cubra de rojo, y quizá el sol ya no quiera salir más. O puede ser que las millas que nos separan se conviertan en espuma estelar, donde te voy a amar.
Y quizá lleguen otras, u otros, pero ese lugar siempre va a ser nuestro, cariño.
Celebremos el 4 de julio y el 15 de septiembre, independiente en tu vida, independiente en tu mente.
Luego, quizá, podría llevarte a conocer el templo de mis caderas, o podrías llevarme a visitar el cielo de tus ojeras.
Porque podríamos amar o solo ahogar las llamas en el distrito hirviente que hay entre nuestros sexos.
Porque podría pedirte que me dejaras entrar en tu vida o en tu interior.
Porque podría decirte que soy un falso dios.
Porque quizá me lleves a montar delfines en las nubes, o a soplar dientes de león en el Océano Índico.
Porque quisiera llevarte a mis sábanas, pero también a las capillas.
Porque quisiera hacerte el amor, pero también amar el hacer.
Porque estoy dispuesto a explorar cabinas en la dimensión celeste, o solo llevarte a oler semillas en las Islas Maldivas.
Porque estoy aquí, y tú allá.
Pero todo eso suena bien.
Porque todo eso está bien, si es contigo.
-El otro.













