La introducción a la conversación fue por parte de Marcelo, quien resumió las razones por las que se encontraba dentro de la mesa de conversación, exponiendo datos tanto históricos y epidemiológicos entre los que me gustaría destacar que, según el relato de Ibañez, cuando comenzó a escribir su obra, nuestro país se encontraba en el quinto de lugar de los países con mayor uso de cannabis de manera recreacional, siendo actualmente el tercero en la lista. Por lo que sí, vamos pa’ arriba en la cosa.
Por otro lado, Katia se posicionó en una vereda un poco opuesta a lo que el ambiente previo planteaba, dando datos sobre lo nocivo que es entrar en adicción respecto a la cannabis.
De ahí que todo se fue más o menos a la mierda.
Porque la información concreta para el análisis y/o opinión no existe hasta la fecha.
Porque sí, se entiende que el pito genera dependencia y adicción, tal y como lo hace el tabaco, las teínas y el alcohol, drogas lícitas en Chile y restringidas sólo a los menores de edad. Entonces por qué ellas son legales y la cannabis no.
Una de las razones más conocidas es su generación de agresivo daño al sistema nervioso central en los menores. Pero su regulación a menores de edad puede solucionar el problema. Y es que el problema acá va más allá.
Otro estudio destacado por Marcelo es que en países en los que se ha despenalizado el consumo recreacional de cannabis no habían existido mayores incrementos de accidentes y/o episodios sociales lamentables desde la fecha. Y clínicamente también se tiene buenos resultados con su uso experimental en casos graves de epilepsia. Pero de nuevo, el problema acá va más allá y dista de estos datos de manera excepcional.
Mientras toda esta discusión se desataba, yo sólo podía preguntarme eternamente ¿Y qué opinan ustedes del desarrollo de la sociedad consumidora, es que acaso existe una relación entre “La era de las flores” como dice mi profesor de microbiología y la sociedad pseudo open mind que está creciendo cada vez más en cuanto a materia sexual, social y cultural? ¿Somos más críticos, más creativos o más desinteresados por ella?
Entonces ocurrió la irrupción esperada, de un amigo psicólogo que no recuerdo si dijo o no su nombre. Pero se plantea en sus palabras un análisis social medio brígido en el que se expone el comportamiento de los nuevos consumidores jóvenes de cannabis que ven a sus padres consumir ansiolíticos como si fueran dulces de paz.
¿Entonces somos una nueva sociedad de adictos?
¿Por qué existe un consumo de drogas tan temprano en nuestro país?
Obviamente por sus condiciones de hostilidad ante temas psicológicos tanto en la familia como en la sociedad. El prejuicio, tanto negativo como positivo a las drogas y su consumo temprano, es tema de popularidad en adolescentes, los mismos que no tienen mucho más que hacer con su vida que disfrutar de lo poco bueno que tienen o llegan a tener.
Para explicar esto quizá sería bueno contar el experimento de las jaulas, obviamente con ratas.
Se dispuso agua con sustancia cannábica o THC que fue consumida excesiva y crónicamente por estos mamíferos genéticamente similares al humano, llegando lamentablemente a su muerte. Pero estos índices se redujeron cuando las ratas fueron cambiadas a un nuevo contexto, con más de ellas y juegos recreativos; Entonces el número de ratas adictas disminuyó.
Por lo tanto, es el contexto el que maneja la adicción, quizá.
Pero existe mucha incertidumbre aún, quizá por el poco tiempo en que se lleva estudiando.
Yo, María José, tengo 22 años y desde que tengo memoria de investigadora y curiosa empedernida respecto a los temas sociales sin ningún esfuerzo mayor pude entrar a Netflix para ver el mini documental de veinte minutos llamado Weed. El que logró callar, al menos entre mis redes sociales, a los despreciadores del fuertemente criticado crippy verde, porque simplemente no existe un verdadero conocimiento de contenido ni efecto (dato sustentado también por comentarios de Katia) de esta hierba en el cuerpo humano. Entonces qué mierda fumamos e introducimos en el cuerpo.
La incertidumbre es totalmente real y da pena escuchar comentarios en la misma conversación que se resisten al real análisis porque, de nuevo sin presentación, un personaje masculino expone de una manera, me atrevería a decir molesta, la importancia del por qué no ha sido estudiada y dada al consumo clínico si supuestamente hace tan bien o erradicada del alcance humano si hace tan mal como suelen decir otros.
Y ES QUE POR QUÉ NO SE HACEN CARGO, comparto la problemática de responsabilidad e increpación a las y los involucrados en dilucidar esto, tanto que hasta cierto punto me incluyo como estudiante de ciencias de la salud, es importante estudiar sus efectos por lo menos, pero se dificulta todo si no se categoriza y estandariza bien las cepas de esta hierba y eso es un tema que lamentablemente se me llega a escapar de las manos, porque ni el PCR en tiempo real lo lograría sin las sondas necesarias. Entonces cómo, entonces quién.
Porque el financiamiento es poco, aquí es cuando abrazo la rabia y acojo la denuncia de Katia al llamarnos la atención como ciudadanos a exigir un ministre de las ciencias, ya que el ministerio no tiene representante en el país.
Pero bueno, anda a preguntar en la calle qué le parece esto a las personas, quizá digan “EXISTE UN MINSITERIO DE LAS CIENCIAS,,,,, NO TENÍA IDEA SORRY VOY APURADOO”
Estoy tan cansada de presenciar tanta frustración junta.
De personas hambrientas de conocimientos negados por la realidad de los pudientes que pueden decir sí o no a las distintas propuestas de construcción de información social o médica.
Porque la farmacéutica no quiere otorgar una semilla segura que te abastecerá quizás por cuánto si es que la tratas bien, y te curará quizás de cuánto.
Porque el que sea que lo estudie en poblaciones no representativas generará información errónea al resto de la comunidad que no se preocupará de corroborar el análisis estadístico generado para asegurar la veracidad de las conclusiones.
Porque incluso lo dijo LIZZ en el reportaje que La Tercera le hizo; “La gente lo que quiere es tirarse una pasti y olvidarse de todo” y lamentablemente así es en mis alrededores. Porque cuando le preguntas a ellos, qué opinan, te hablan de lo horrible que es todo, pero jamás de los jamases me han contado si empezaron si quiera a leer los programas de gobierno publicados por los pasados postulantes en las elecciones anteriores.
Nadie me habla de política.
Nadie me habla de estudios sociales.
Nos da sueño y flojera entrar a salud pública, conocer de epidemiología chilena, gestión de procesos para lograr cosas y etc.
No nos interesa ni indigna lo suficiente, todo eso que debería como para que logremos sacar de la mierda eterna a este pobre país que intenta tanto salir de sus males, pero que nunca junta la voluntad de la mayoría de sus habitantes como para por fin lograrlo, salgamos de esto amigos, porque como dijo Massú, yo creo que nada es imposible, ni una weá.
Pero tengamos prioridades y principios en nuestro esquema existencial primero.
Por el amor a la drogarse y bajonear en paz.