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Humano ser
Si te sientes fragmentado
carbonizado, y químicamente agotado
sobre alguna fría superficie
llena de cuerpos como el tuyo;
no eres ceniza en un cenicero,
eres un humano.
"Días de debates" Fêde Deus Acrílico sobre caja de cartón 52x52 cm
Autorretrato
Fêde Deus
Acrílico sobre MDF
26 x 10 cm
Mural interno "Familia y sueños" Fêde Deus Acrílico
La anarquía es una utopía para el sistema, no para la humanidad
Fêde Deus
ODIO EL ARTE por FÊDE DEUS
La belleza es un concepto tan poderoso como el mismo amor o el odio. Con astucia, marketing y el dinero suficiente para cubrir el mundo ha logrado ponerse entre las prioridades humanas sin importar la edad, lugar u ocupación. Un mérito bastante apreciable para un mortal concepto, con posibilidades infinitas de morir físicamente, aunque nunca existencialmente, como todo en este universo en multi-universos. La belleza no es agradable ni desagradable, es solo un juicio establecido ante un estímulo sensitivo cualquiera (visual, auditivo, táctil, olfativo, de gusto o cualquier otro sentido que se puedan atribuir a ustedes mismos). Al ser un concepto que se basa en un juicio teóricamente comprobable pero variante, cae en una cadena redundante de conceptos , el exceso de ellos, y como todo exceso trae consigo el cansancio y confusión.
Todo esto llega y afecta el arte de manera inevitable, siendo un labor de creación reconocido por manejarse bajo los conceptos de belleza. ¿Por qué hablo de belleza y no de estética? Porque todo es estético desde que la luz pueda rebotar y crear una imagen visual. Pero nada es bello hasta que no se crea, ve, o piensa con una intención. El arte es una intención, no es una estética aunque tenga siempre una.
El ser humano ha aprendido a dividir su vida y pensamientos en polos opuestos para manejarse en el rango amplio o chico que cada individuo se permita dentro de su existencia física. Esto quiere decir en palabras mundanas que inevitablemente todo lo que enfrentemos en nuestras vidas lo vamos a catalogar bajo juicios certeros o no dentro de un sistema de medida personalizada que nos permite decir cosas como “es malo, es bueno, bonito o feo”. El arte es la cabecera de un diagrama de conceptos limitados de apariencia ilimitados que no llegan nunca a nada concreto. Y esto asesina completamente la esencia del arte, pero de manera casi utópica, le da también vida y difusión.
Por eso es que el arte no puede existir sin el odio, porque esos sistemas de medición personales son los que permiten a las personas diferenciar el arte, inclinarse por estilos, estéticas o artistas, y de este modo empujan a los artistas a ser claros con sus intenciones, a no divagar dentro de la política y sociedad, sino que el éxito y la supervivencia del artista depende en un gran porcentaje a que grupo o filosofía de la sociedad se integra y trabaja con. Los artistas con más seguridad en su pensar y crear luchan dentro de la sociedad por crear su propio niche y que la gente se integre a ellos y no al contrario (unos lo logran y otros mueren en el intento). Sin importar la condición del artista, la belleza y por lo tanto los juicios, son la base de su difusión y éxito.
Por eso odio el arte.
Desde niño siempre he sido un soñador, y he anhelado la libertad. De algún modo los dibujos infantiles se fueron transformando en trabajos artísticos y no me detuve nunca porque sentía que todo era en pro de mi libertad; de alguna forma mi subconsciente se confortaba sintiéndose libre al escribir, pintar, crear. Era hermoso, es hermoso. Pero luego uno se da cuenta de que necesita comer todos los días, de que la aprobación de la sociedad es muy importante, y que ella trae la recompensa. El mundo se abre y las posibilidades se acortan. Aparecen los curadores, críticos, profesores celosos y otros soñadores. Ya los actos no son tan naturales, hay teorías, hay gustos y más importante aún, hay algo que la sociedad espera de ti y cuando miras de cerca, no es algo, son “algos”. El amor empieza a ser cuestionado, empieza a existir una lista de quehaceres que van acompañados del slogan preferido del arte contemporáneo –Te tienes que especializar-. El cerebro chorreando estímulos intenta limpiarse, ordenarse y de algún modo sin quererlo, especializarse. Ahora no es crear, es el labor de crear; eso en un cerebro anarquistas de nacimiento como el mío genera conflicto, y nos empuja a veces lentamente y otras bruscamente hacia el odio. Un odio sucio y malo como todos los odios, pero nutritivo y exitoso como ninguno.
El artista sienta odio o amor por el arte nunca se va a detener, porque es un artista y está condenado a crear; y por eso el odio nos inspira a muchos, al igual que el amor a otros. Si odio es porque ame, y si uno ama puede odiar. A lo que quiero llegar y para terminar, es que el crear es mágico, hacerlo es un don y una bendición, pero si quieres que la sociedad te llame artista, odia el arte, por amor a él y a la comida.