El precipicio
Desliza mi cuerpo rígido al filo de la ladera, permite a la rota arcilla engullir lo que me queda; no busques mis ojos tímidos en el abismo de hiedra, ojos verdes del vacío, verdes tallos de azucenas.
Es verdad que estoy de pie como aquel que no se entera que la flor del precipicio ha destrozado sus piernas; desligadas coyunturas entre las que el viento juega. Si es verdad que estoy de pie es por las enredaderas.
Me sostienen como a una hoja entre telarañas densas esperando por la lluvia que me arrastre a la tiniebla.
Desliza mi cuerpo rígido, lluvia delicada y lenta, llévate todo contigo, disuelve todas mi huellas.
No permitas que mis voces despistadas permanezcan, profanando las cascadas delicadas de esta tierra. No me dejes contemplar nuevamente las veredas donde galopa la música de las aguas y las piedras.
Rodrigo Panteonero
Rodrigo Panteonero











