El encuentro de Jesús con Felipe y Natanael nos muestra cómo comienza la fe: no con grandes discursos, sino con una invitación sencilla y personal. Jesús sale al encuentro, llama por el nombre y propone un camino: “Sígueme”. En este diálogo breve se revela un Dios que conoce el corazón humano, que ve más allá de las apariencias y que despierta la fe incluso en medio de las dudas.
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