Ajuar funerario, el libro de microrrelatos de Fernando Iwasaki, es un clásico contemporáneo no solo de la minificción sino también de la literatura fantástica en español. Es un homenaje a las historias de terror que logra concentrar en diez o doce líneas todo el escalofrío, la náusea y el desasosiego del género. Pero más allá de eso, es un libro que ha aportado momentos maravillosos a sus lectores y, sobre todo, a las decenas de miles de jóvenes que lo han leído.
Ahora, tres lustros después, con las ilustraciones de Beñat Olea y el guion de Imanol Ortiz, rendimos un terrorífico tributo a este libro imprescindible y a este autor único con su adaptación al cómic para seguir disfrutando de esos niños, criaturas y muertos que pueblan la vida de los lectores, que viven en nosotros mismos.
Hace unos días subía la reseña del libro en el que se basa este cómic, un libro de relatos cortos de terror que erizaban la piel y te hacían mirar dos veces para comprobar que de verdad estabas sólo en casa.
Imanol Ortiz López, el guionista, y Beñat Olea Irureta, el ilustrador, han dado vida a esos escalofriantes relatos con algunos guiños a Stranger Things y a La novia cadáver incluidos.
El cómic ilustra 21 relatos de Iwasaki dónde podemos ver, y no sólo imaginar, a sus niños fantasmas, monjas caníbales, cadáveres exquisitos y curiosas transformaciones.
Estaba claro que si el libro me había encantado, mis expectativas para con el cómic iban a ser inmensas y corría el riesgo de que no me convenciese del todo pero, afortunadamente, ha estado a la altura.
Es difícil mantener esos giros inesperados de los relatos de Iwasaki al pasarlos al cómic, ya que las imágenes pueden hacernos spoilers involuntarios. Pero la forma en que están distribuidas las viñetas y la calidad de las ilustraciones consigue que prestes total atención a la historia pedacito a pedacito sorprendiéndote igualmente con el final.
Las ilustraciones de Beñat Olea son preciosas y cuidadas al detalle. Tienen un aire a película de Pixar que, curiosamente, encaja a la perfección con el aire siniestro de las historias.
Me ha parecido un homenaje precioso al trabajo de Fernando Iwasaki.
Ajuar funerario (el cómic), Iwasaki, Ortiz y Olea