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Cuando la vi estaba con Anita en el Louvre. Entré solo a la sala, motivado por carteles impresos a lo largo del metro. Nunca me había sentido atraído por la pintura hasta entonces (creo que aún es así), pero con esta me identifiqué, sobretodo con la expresión del joven aferrado a la mujer que se le fue. Eventualmente, Anita también se fue.
Despierta Fernando, despierta ya!
Hubo una época en que la autodestrucción, paradójicamente, fue su forma de establecer lo que sería después. La vida transcurre en un después constante, pero aún así, no he logrado entrever ninguna declaración todavía, solo el mismo patrón autodestructivo permanente. Estoy empezando a entender que yo tengo mucha responsabilidad en su aparente corto avance.
Casi siempre tiene un pero. Aún si el día está casi perfecto, para él pesa más el casi. Es como si la inconformidad fuera su manera de aportar, de dar valor a un mundo pobre a sus ojos. Siempre querrá ser distinto, pero no va a lograrlo, no sin ella.
La diferencia entre un bis común y un sonido que se vuelve textura está dada por la paciencia y el interés de descubrir algo más en lo evidente. Es aquí cuando la repetición logra conmoverme, como los latidos.
Un sonido suave, nuevo y fiestero sale del par de parlantes que compramos antes de internarnos. Noto que hoy estoy hablando como unidad; no siento que seamos distintos: instinto y mente, pasado y presente, consciente y yo. Es un sueño, lo sé, pero se siente real que por fin seamos uno.