Una fiesta en el centro
Ayer, sábado 16 de enero, se desarolló el día de Fiesta del Festival Centro, un festival que cada año coge más relevancia dentro del público bogotano por la apuesta artística que se hace en cada edición.
El día empezó con la presentación de una banda llamada La MiniTK del Miedo, una propuesta de rumba que compone una gran puesta en escena, unos vestuarios escabrosos y la muy rica mezcla entre música de rumba (merengue, cumbia, reggaetón, entre otros) con sonidos satánicos; sí, satánicos, pero que no le quitan el sabor ni mucho menos. Esa mezcla crea una atmósfera de rumba oscura, tal como si el mismo diablo estuviera dándole al perreo intenso o al movimiento de caderas. Con gran aceptación dentro del auditorio, esta banda puso a mover el esqueleto a más de un asistente.
Luego sería el turno de Elkin Robinson, un artista nacido en la isla de providencia y que muestra los nuevos sonidos afro-caribbean y root muy arraigado de esa latitud del país. Con una puesta en escena sobria y una cálida presentación con temas llenos de amor y esperanza, pero también con temas que recuerdan mucho cómo se goza en el caribe colombiano.
Aprovechó su presentación para promocionar su disco Come’Round, el cual fue producido por el gran Richard Blair. Así que respaldado por este gran productor, ya podrán imaginar el sabor de la música de este isleño muy recomendado.
Posteriormente, nos trasladamos al muelle donde nos esperaba un colectivo mexicano de Oaxaca llamado La Furia con Lujuria Sonidera. Un grupo que con su rumba de cumbia y electrónica más la mezcla de instrumentos como el bajo y la trompeta, formaron un rumbón, pese a que al principio la gente se tornó un poco parca, pero la energía de la banda, especialmente con su bajista Alejandro Reyes, quién logró contagiar al público al punto de poder generar la armonía entre su música y el publico: el baile.
De nuevo nos trasladamos al auditorio, en donde nos esperaba la gran banda llamada La Chiva Gantiva. Esta banda que tiene integrantes colombianos, pero que su origen es de Bruselas, Bélgica, lograron dejar una muy grata impresión dentro del público, quién gozó con canciones de sus álbumes “Vivo” y “Pelao”. La gran energía de su vocalista Rafael Espinel, quién coordinaba a la banda con gran acierto: sobretodo en aquellos momentos en donde al parar él, paraban todos, generando sonrisas y admiración por la gran sincronización.
La representación femenina con Natalia Gantiva quién regaló un momento de nuestro folklore con un baile espléndido. ¡Tremenda armonía corporal la de esta mujer (churra, además)! Una banda que me dejó gran recordación con su Punk-klore, como rezaba la parte trasera de la chaqueta del buen Rafael Espinel. Muy recomendada esta banda.
El broche de oro: Aníbal Velásquez.
Sin duda la noche de ese día del Festival Centro tenía una estrella muy especial: la presentación de Aníbal Velásquez. Tal vez para contemporáneos de mi época, la música de este artista no sea muy soluble a sus oídos, pero para aquellos quiénes crecimos haciendo oficio con la música que colocaba tu padre, es más fácil entender el porqué de esta conexión. Un auditorio a reventar, con ese contraste generacional que ofrece este tipo de festivales: la mayoría del público superaba la edad de los 40 años. Así pues, con toda esa diversidad generacional, la gente esperó con ansias la presentación de este barranquillero.
Salió el gran Aníbal Velásquez al escenario y abarrotado de aplausos de todo el público comenzó su presentación con un tremendo vacilón que, contrario a las anteriores presentaciones, hizo bailar a las personas fuera de sus puestos con sus respectivas parejas creando lo que proclamaba ese día de festival: fiesta. Fiesta a través de temas como “Guaracha en España”, “Sal y Agua”, “El Turco Perro” y “Cumbia Bogotana”. En varios pasajes de la presentación, el gran Aníbal se disculpaba por algunos inconvenientes técnicos a los cuales decía: “ustedes perdonarán tanta mamadera de gallo, pero es para que salga bonita la cosa”. Un crack en todo sentido. Momento muy especial se vivió mientras Aníbal se quejaba de manera jocosa por la altura de Bogotá y comenzó a deslizar su mano del teclado con el famoso intro de “Carruseles”, un tema que hizo explotar al público y encadenó que la gente pidera muchos temas clásicos como: “Alicia La Flaca”, “La Brujita”, “Un poquito de Cariño”, “El Cumbanchero” y muchas otras que debido a su gran repertorio y al tiempo que podía estar en escenario, no sonaron para los plácemes de algunos de nosotros.
Al final, la gente debió resignarse con no poder escuchar temas que a muchos les traerían los mejores recuerdos de su vida, así que para no desentonar con el momento, varios al final se acercaron con sus vinilos (LP) para que el gran Aníbal los firmara y así dejar una huella que no se borre en las memorias de los asistentes, que a la salida solo decían: “¡tremenda presentación!”.
Como siempre, el Festival Centro cumplió con su propósito de unir a las generaciones a través de la música. Algo que hoy en día poco se ve en una sociedad tan fragmentada por varios estereotipos como lo es la nuestra.














