Siempre es en estas fechas de celebración que cada calle se llena de adultos y especialmente niños divirtiéndose mientras prenden fuegos artificiales, ya sean pequeños o grandes.
A estos artefactos comúnmente les llamamos cohetitos, desde pequeña recuerdo como lo increíble era prender fuego a los hilos encebados que sobresalen y que los hacen explotar, me parecía divertido, hasta que un día el suéter que traía puesto se incendió con uno.
A mi tío le parecía la diversión máxima de navidad, hasta que por caerse en el pavimento al correr los cohetitos que traía en la bolsa del pantalón se prendieron y le quemaron la pierna.
La pólvora está compuesta de salitre, azufre y carbón, los cuales crean enfermedades respiratorias ante la exposición prolongada a sus gases.
Yo sé, son divertidos, no pasa nada, dirían por ahí.
Pero este 24 y 25 de diciembre se compartieron dos casos en Autlán de Navarro y Encarnación de Díaz respectivamente, el primero que leí fue un comunicado de la Secundaria Autlán notificando a su comunidad en redes sociales:
“La noche del 24 de diciembre las instalaciones de la Secundaria Autlán fueron víctimas de daños por pirotecnia. El domo ubicado en la cancha deportiva, así como algunas mesas y bancas resultaron quemados producto de cohetitos que se arrojaron al lugar, provocando cuantiosos daños materiales. Lamentamos que estos actos irresponsables dañen el patrimonio adquirido con el esfuerzo de estudiantes, maestros y padres de familia. Hacemos un llamado a la responsabilidad social, de autoridades y ciudadanía para prevenir y atender estos daños.”
Quiero hacer el recordatorio de que esta escuela no pertenece a la SEP, es una escuela católica, privada y que se mantiene con el dinero que otorgan los padres cada pago de cuota, compra de uniformes y libros, por lo que al querer reparar los daños deberán organizar su sistema de recuperación.
Mientras que en este segundo caso, el cual cumple un año de haber sucedido, me sigue removiendo las tripas.
En "Reporte al Momento" se compartió una situación preocupante y desagradable en un grupo de Facebook, donde hace el llamado de conciencia a la sociedad, relatando su historia, cuenta que su hija comenzó a gritarle para que fuera a verla, pues le había explotado un cohetito en la cara.
Esta historia de terror para la madre se rodea de la desesperación de ser un día feriado y aparte la duda persistente de no saber si su niña había perdido el ojo o no.
Al conseguir atención médica especializada se le dijo que
“El fuego no llegó a tocar la córnea y que estuvo a punto de perder su ojito, tuvo una quemadura de 1er grado en su ojito a causa de la pirotecnia, el impacto fue muy potente y agresivo...”
Y si entre todos nos preguntamos si alguna vez hemos estado en peligro por usar estos “cohetitos” creo que habrán muchos testimonios que lo avalen.
El peligro de la diversión, todos los juguetes son peligrosos en algún punto ¿no?
“La diversión del peligro” sería más adecuado, ya que la pirotecnia en realidad no es juguete, ya que no pondrías a tu infante a jugar con el gas de la estufa y un encendedor, ¿no?
¿Entonces por qué lo pondrías en peligro de vida solo por una “diversión” momentánea?
Y la secundaria… ¿sigue siendo divertido incendiar un lugar?
En México, la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México regula el uso de pirotecnia.
Considera una infracción contra la seguridad ciudadana:
Detonar cohetes, juegos pirotécnicos, fogatas, o elevar aeróstatos sin permiso
En la Ciudad de México, la multa por tronar cohetes es de entre 21 y 30 Unidades de Medida y Actualización (UMA). Además, las autoridades pueden ordenar la detención de la persona responsable por un período de las 25 a las 36 horas.











