El maíz, corazón de la cultura mexicana, enfrenta hoy una de sus mayores amenazas: la imposición del maíz transgénico bajo las reglas del T-MEC.
El sábado 20 de diciembre de 2024 se dio la noticia de que el gobierno de México perdió una disputa en el T-MEC por su decisión de limitar el uso de maíz transgénico para consumo humano, pero, ¿Qué significa esto y cómo nos afecta?
El gobierno mexicano emitió un decreto en 2020 que estableció la prohibición progresiva del uso del glifosato y del cultivo de maíz transgénico en el país con el objetivo de proteger la biodiversidad del maíz nativo y la salud de las y los mexicanos. Debido a que estos maíces genéticamente modificados requieren de cultivos agroindustriales y aplicación de dichos agroquímicos para su producción, entre ellos el glifosato que en 2015 la Organización Mundial de la Salud lo clasificaron como probable cancerígeno.
Pero, aunque el centro biodiverso del maíz que es México, se propone a dejar de cultivar maíz transgénico, según datos de El Economista “de enero a octubre de 2024, Estados Unidos exportó 4,800 millones de dólares en maíz a México, el mayor mercado de exportación de maíz de Estados Unidos.” el cual, el gobierno mexicano argumenta que su consumo es utilizado para el sector ganadero.
El 20 de diciembre de 2024 se presenta el informe final MÉXICO — MEDIDAS RELATIVAS AL MAÍZ GENÉTICAMENTE MODIFICADO, en donde el panel determina el fallo a México aclarando que las Medidas que presenta son incompatibles con algunas disposiciones del T-MEC.
“El Panel recomienda que México ponga sus Medidas en conformidad con sus obligaciones en el marco del T-MEC en virtud de los Capítulos 2 y 9 del T-MEC. El Panel acepta que México está tratando de abordar preocupaciones genuinas de buena fe, y sugiere que dichas preocupaciones podrían canalizarse a través de un proceso adecuado de evaluación del riesgo, medidas basadas en principios científicos y un diálogo entre todas las Partes del T-MEC para facilitar un camino constructivo hacia adelante.” se concluye en el informe.
En el informe se aborda la disputa entre México y Estados Unidos por la importación del maíz transgénico para el consumo humano, en el que México ampara su gran preocupación por la afectación a la salud que esto puede implicar y el riesgo que estos maíces provocan a los nativos mexicanos y las formas indígenas de producir alimentos. Estados Unidos rechaza los argumentos de México al presentar “conceptos vagos y muy generalizados”.
La presentación del fallo causó indignación en la población mexicana al argumentar que “las medidas de México no se basan en la ciencia” a lo que la Campaña Nacional Sin Maíz No Hay País publicó su posicionamiento amparando que “el fallo emitido por el panel están diseñados principalmente para proteger los intereses de las corporaciones transnacionales” haciendo énfasis en que este acuerdo no toma en cuenta la preocupación del daño a la salud, la naturaleza, los ecosistemas, saberes y autosuficiencia que México argumenta, priorizando intereses de determinadas empresas, personas y economías y no de la población.
Es evidente que en esta disputa México se avala de los saberes tradicionales y formas de producción campesinas, en donde el respeto y convivencia con la naturaleza se armoniza para cosechar alimentos libres de agroquímicos. Saberes y prácticas que promueven la diversidad, el cuidado de las semillas y la autosuficiencia, conceptos que resisten en las ruralidades ante las empresas agroindustriales que la revolución verde inserto en las comunidades que hoy desconocen de qué están hechos los alimentos que llegan a sus mesas.
Sin duda, aprobar el consumo de maíces transgénicos es un tema preocupante, es un retroceder en el fomento de prácticas amigables de producir junto con la naturaleza, es continuar viviendo engañadas y engañados en los químicos nocivos que consumimos y encontramos en la orina de las niñas y niños. Y aunque México argumente y presume con orgullo sus semillas nativas, habría que pensar qué modelo de producción es el que realmente está defendiendo y si solo está utilizando su riqueza cultural como un discurso.
Este importante acontecimiento nos sirve para seguir reflexionando sobre el tipo de “proceso” y “desarrollo” que queremos en un país como México, con riqueza cultural, natural y humana que resiste.













