Durante el 11 y 12 de Mayo, anduve por tierras manchegas, en el «Ni perro que me ladre» la primera edición del festivalito de autoedición promovido por Euler, de Foster Ediciones, un Orensano majísimo que me soluciónó la vida y el techo por aquellos lares. El mismo, se realizó en un sitio inmejorable, el antiguo casino de Ciudad Real, un sitio con todo el glamour necesario para poder acoger a gente de mi altura (mármol, señores, mármol) El mismo, fue una apuesta importante. Un festival de ese tipo, en una ciudad como esta, era una propuesta valiente. Pero con todo en contra, el festi salió estupendamente. Ventas humildes, pero lo pasé guay. Y de paso, descubrí que Alarcos, el lugar de la batalla que hubo 11 años antes de la de Las Navas de Tolosa, donde les dieron bien por el culo a Alfonso VIII y a López de Haro, fue ahí al lado. ¡Al laíco mismo! También descubrí que la ciudad estaba plagada de poke paradas, que tenían un parque estupendísimo lleno de señores borrachos muy mayores, muy reventados y muy educados, que tenían la ciudad plagada de pintadas pochas y guays y que aún tan al sur, la increíble primavera de 2018 en España, había reverdecido absolutamente hasta el secarral más infernal. Ciudad Real. También conocí a Pepe Mansilla, una majete de la Coru, que fue directo a formar parte de las filas de la A-6 clicka. Y poco más. Unas foto de un dibujo que hice para Torio, el hombre detrás del zine «NicCagePedia» Así que lo dicho.












