Jünger indica un punto de resistencia al que sus escritos posteriores —valga por todos el Tratado del rebelde— se aferran con cada vez mayor tenacidad, pero que ya aquí esta caracterizado con claridad mas que suficiente: este esta constituido por la figura del Anarco, el individuo rebelde que se siente perseguido por los ejércitos de
las Iglesias y del Leviatán, pero que no sabe pertenecer mas a nada y a nadie. Como el Uno de Stirner, el Anarco es un solitario que se refugia en su interioridad. No se debe confundir con el anarquista. No es un revolucionario que quiere transformar el mundo y que, con tal de alcanzar su objetivo, esta dispuesto también al crimen y al terror. El Anarco puede incluso someterse exteriormente al orden y a la ley, pero en su intimidad, en la soledad de la noche, piensa y hace lo que le parece. E incluso cuando marcha entre las líneas de un ejército, combate solo en sus propias guerras. Se refugia en los territorios selváticos y en los pocos oasis que quedan para reponer fuerzas. La posición del Anarco es aquella en la cual Jünger imaginaba estar en un apunte fechado en Paris, el 9 de julio de 1942:
"Si cierro los ojos, diviso a veces un paisaje tétrico en los
márgenes del infinito, con piedras, arrecifes y montanas. En el fondo, en las orillas de un mar negro, me reconozco a mí
mismo, una figura minúscula, casi esbozada en yeso. Ésta es mi avanzada, próxima a la Nada —allí abajo, en el abismo, yo conduzco por mi mismo mi lucha. (Jünger, 1978: II, 344)"
- Franco Volpi - El Nihilismo.