Massimo, con sus caprichos y sus estudios, estuvo obligado a visitar todo el mundo, pero claro que no podía regresar a casa sin pisar la bonita Italia, ¡cómo perderse lo bonito del hogar! Pensar que serían unas vacaciones tranquilas era mentirse a sí mismo, especialmente con sus impulsos, con su historial y con la compañía que ahora reposaba a un lado de su cama y que también multiplicaba su misma naturaleza insensata y desmedida. Karma. Si bien Massimo era un tipo de una noche, con la pelirroja había congeniado tan bien, siendo tan embriagadora la libertad que le transmitió desde el comienzo, que fue imposible no retenerla e invitarla vivir sus últimos meses en Italia junto a él. Su hotel apestaba a porros, alcohol y sexo. Habían llegado esa misma madrugada de una discoteca y ahora, a las 10 de la noche, el italiano de verdad necesitaba encontrarse de frente con la calle y respirar aire fresco. Fue entonces que tomó uno de sus pantalones y rodeó la habitación, un cigarro colgando de sus labios y una sonrisa tironeando de su boca. Abrochó su cinturón y se puso de cuclillas a un lado de la cama, justo del lado de la fémina, aprovechando de apartar con delicadeza los mechones de cabello que le impedían contemplar a su acompañante. --- Anda, bambina, mueve ese bonito culo que tienes ahí, tenemos cosas que hacer hoy. Te dejé unas aspirinas en la mesa, no me hagas ser un bestia contigo. @xkarmaxmiller