De sus etiquetas baratas.
De sus “ya sabemos cómo eres” sin haberme conocido nunca.
De que cada vez que intenté hablar, me interrumpieran.
De que cuando lloré, me dijeran que exageraba.
De que cuando estallé, usaran mi dolor como excusa para seguir tratándome como una mierda.
Estoy harta de ser el saco donde ustedes descargan su frustración.
De ser la “problemática” solo por no tragarme todo.
De que me traten como si fuera un error ambulante cuando he hecho más de lo que se ve.
Limpio. Aguanto. Trago. Ayudo. Y nada vale.
Nunca es suficiente para ustedes, ¿verdad?
Me han hecho creer que el problema soy yo.
Que si las cosas van mal, es por mí.
Ustedes nunca supieron amar sin herir.
Nunca supieron hablar sin atacar.
Y nunca supieron escuchar sin necesidad de tener la última palabra.
No voy a seguir cargando con su veneno.
No soy la mierda que ustedes proyectan.
Soy fuego que han intentado apagar, pero sigue ardiendo.
Así que de ahora en adelante, si tengo que explotar, lo haré escribiendo.
Si tengo que llorar, lloraré con orgullo.
Y si tengo que hablar, será con toda la rabia que me enseñaron a tragar.
Porque prefiero que me llamen loca a volver a ser su alfombra.
La que no era el problema.
La que ustedes no supieron escuchar.