Ya me acostumbré a
ser la "tonta".
Me acostumbré a ser la tonta.
Me acostumbré a ser la tonta que no sabe divertirse, porque no salgo de fiesta.
Me acostumbré a ser la tonta que pierde el tiempo, porque ayudo a mis padres y estudio.
Me acostumbré a ser la tonta que que se va a quedar soltera, porque estoy esperando a la persona correcta.
Me acostumbré a no encajar, porque tengo un modo de vida anticuado y viejo.
Me acostumbré a las puñaladas, solo porque no soy como ellos.
Sí. Me acostumbré.
Pero que me acostumbre no significa que no duela, que no lastime.
Duele, lastima, hiere.
Porque además de ser "tonta" soy humana, de carne y hueso. No soy simplemente una tonta que no siente nada.
Y por ser la tonta no puedo actuar indiferente con ellos, no puedo darle la espalda al que está mal, por más que éste me haya traicionado.
Y sí, puede que tú también pienses que soy una tonta por hacer eso...
Pero creo ser la tonta más feliz de todas, porque mi felicidad y mi vida no se definen por una noche de diversión. Mi felicidad no depende de lo mucho que alguien me mire, o por la cantidad de personas que se encuentren a mi alrededor apoyándome.
Mi felicidad depende de Dios, porque yo he decidido eso.
Y por mis decisiones es que soy una "tonta"...
Pero créanme, esta tonta acabará bien su vida, con la gente que la quiere y más feliz que nunca.
Pero ellos ¿Seguirán siendo felices después de la resaca?






