FOTO SEPIA Así debimos de haber permanecido con una pequeñísima imperfección que nos haría sublimes, inmarcesibles: el volado del calzón desparejo un levísimo fruncimiento del ceño la piel tan tersa rivalizando con el primer durazno de estación En algún firmamento, así somos. La casa hermosa, el jardín pulcro La rueda de la vida brinca, reina la flecha de la aguja trucada, desde el vamos pero tanto desmayabas por jugar que girabas la manivela con fruición a sabiendas que los prodigios no eran ni de tu voz ni de tu tiempo un mundo de abrazos y humores exangües fue tu lote y confundiste géneros, meteoros con planetas, derroche y derrota, tan vecinos. Entre los pliegues vagamente celestes zurcidos de la burqa Detrás de las escarificaciones anidan destellos de soberbia Aquí y ahora mi desvencijada máquina de vivir.
Luisa Futoransky






