No One Will Save You
2023
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No One Will Save You
2023
No One Will Save You (2023)
Directed by Brian Duffield
Cinematography by Aaron Morton
No One Will Save You, Brian Duffield (2023)
Pánico en las calles. A propósito de Día de patriotas (Peter Berg, 2016).
“Situación construida: momento de la vida creado concreta y deliberadamente para la organización colectiva de un ambiente unitario y de un juego de acontecimientos” (Internationale Situationniste, 1958)
I.
Aunque, para quien esto escribe, resulte preferible la minusvalorada Marea negra (2016), uno de los espectáculos comprometidos con los perfiles de lo real más brillantes que nos ha brindado el cine en los últimos años, la nueva película de Peter Berg merece también más atención de la que se le ha prestado en España.
Durante dos décadas, Berg ha abordado registros diversos. La comedia negra en Very Bad Things (1998). La aventura de tintes humorísticos en El tesoro del Amazonas (2003). El thriller político en La sombra del reino (2007). La superproducción en Hancock (2008) y Battleship (2012). Día de patriotas sigue en cambio la estela de El único superviviente (2013) y Marea negra, al aunar la querencia reiterada del guionista, productor y director estadounidense por imágenes de pretensiones naturalistas, con la recreación de lances verídicos.
Los frutos de tal sinergia entre formas y argumentos han sido tres títulos respetuosos con los eventos reflejados, y las interpretaciones previas de los mismos a cargo de los ámbitos de lo oficial, lo mediático y lo virtual. Pero que, aun así, han tratado de abrirse a cavilaciones acerca de la sociedad norteamericana, y la ubicación del individuo en ella, que escapan a lo instituido y pueden procurarle a la filmografía de Berg una revalorización en el futuro.
Hablamos de un ciclo de películas sin duda patriótico —algo que a punto estaba de dar al traste con El único superviviente—, aunque dicha característica se module en clave de elegía. Al fin y al cabo, los tres filmes dan cuenta de catástrofes, y sus protagonistas apenas se ven capaces de hacer otra cosa frente a ellas que reconocer el fracaso de creencias profundamente arraigadas, y aceptar su insignificancia y fragilidad como seres humanos.
II.
En el caso de Día de patriotas, el desastre lo constituyen las bombas hechas estallar por dos hermanos estadounidenses de origen checheno durante la celebración en 2013 de la maratón anual de Boston, atentado que costó la vida a tres personas y la amputación traumática de extremidades a otras dieciséis. Mientras que los personajes obligados a reinventar su noción de lo heroico y lo comunitario pertenecen a los cuerpos de la policía y el FBI que neutralizaron a los terroristas, tras una caza del hombre dispuesta en la ciudad durante cuatro días.
Lo menos interesante de Día de patriotas —como ya sucedía en World Trade Center (2006), de Oliver Stone, o United 93 (2006), de Paul Greengrass, basadas ambas en los sucesos del 11-S— estriba en su reconstrucción del atentado, y la búsqueda de sus responsables, en términos de docudrama transmisor de valores bienintencionados. No faltan detalles ambientales que harían sonreír a Susan Faludi, ni dardos críticos contra la ambigüedad moral de las comunidades musulmanas asentadas en Occidente, y la indiferencia ante ciertas amenazas contra el Estado por parte de estamentos alienados, como el universitario. Pero, en líneas generales, se apuesta por el formato de reportaje narrativo, de aristas políticas romas, sumiso espiritual e incluso literalmente a las imágenes y los testimonios reales, que dan de hecho cerrojazo al filme despojando en buena medida de sentido lo visto hasta entonces.
En este aspecto, los esfuerzos del director de fotografía Tobias A. Schliesser y los montadores Gabriel Fleming y Colby Parker Jr. —colaboradores todos ellos más o menos habituales de Peter Berg— por armonizar texturas audiovisuales y otorgar así a la película una pátina de verismo convincente, heredera de lo conseguido por clásicos realistas de Hollywood como La ciudad desnuda (1948) o Pánico en las calles (1950), son meritorios, pero van en desdoro de las sugerencias universales que pudiese despertar el relato.
III.
Hay, por fortuna, tres secuencias que acreditan el valor de la dimensión imaginativa para desvelar las muchas complejidades que albergan las superficies de los hechos. Se bastan para hacer recomendable una película, aplicada, pero menor. Una de ellas corresponde al secuestro por los delincuentes de un joven conductor; logrados minutos de suspense visceral, que atinan además a condensar en un destino individual el anhelo de toda una colectividad por sobrevivir y responder al mal por la vía del coraje. Otra, consecutiva, el tiroteo nocturno en un suburbio residencial de Boston, convertido en el escenario de guerra que la política norteamericana está habituada a exportar.
La tercera escena, extraordinaria, describe cómo, en la reproducción pericial de la calle donde tuvieron lugar las explosiones, erigida por las autoridades en un almacén, el sargento de policía Tommy Saunders (Mark Wahlberg) desentraña los pasos dados por los terroristas de cara a identificarlos; intuición espoleada por el ansia de reconocimiento, que corroboran las grabaciones de las cámaras situadas en los establecimientos de la zona.
Un momento que funciona a varios niveles. Evidencia el reemplazo de los condicionantes de lo material por el situacionismo hipermoderno, apoyado en el signo digital. Realza en esas nuevas coordenadas el rol de la clase trabajadora, personaje predominante en el cine de Peter Berg. Y supone un comentario, quizá involuntario, inmejorable en cualquier caso, sobre el dilema en que se mueve durante todo su metraje Día de Patriotas, saldado a la postre de manera ambigua: rendirse a lo que estipula como verdadero la esfera pública a que nos conviene adscribirnos, o atender a la Verdad en torno a esa verdad que nos susurra desde las tinieblas la ficción.
Diego Salgado (crítica original publicada en Cine para Leer).
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