GADJA
Un radiograma de Vladivostok dice que Gajda embarcará en breve para Europa. Abandona el Oriente, que fuera teatro de sus aventuras y campo de sus hazañas casi fabulosas. Quiere dar a la patria su brazo y su cerebro, su actividad y su pasión juvenil. Bohemia necesita de muchos Gajdas para consolidarse.
Nacido en Praga, de raza checa, no quiso servir en el ejército de la Doble Monarquía. Eslavófilo convencido, huyó de su país y se refugió en Montenegro. Anhelaba batirse al lado de los eslavos del sur en el gran choque racial que adivinaba inminente e ingresó como simple voluntario en el pequeño ejército del rey Nicolás.
Cuando las nacionalidades balcánicas, con la excepción de Rumanía, que aguardaba cautelosa, se precipitaron sobre los restos europeos del Imperio Osmanlí, Gajda peleó en el Sánjak de Novi Pazar[1], y luego delante en Escutarí[2], la inexpugnable fortaleza, reina del lago. Era casi un niño y, sin embargo, supo distinguirse entre los duros y férreos montañeses albaneses, acostumbrados a medirse con turcos, búlgaros, etc. En pocas semanas llegó a oficial, comprando sus grados con la moneda del heroísmo.
Al empezar la Gran Guerra era capitán del ejército serbio. Sobresalió en Rudnik[3], y después defendió palmo a palmo contra la triple invasión germano – austríaca – búlgara, el suelo de su patria adoptiva. N la mortal retirada de los serbios a través de Albania, helada e inhóspita, no se apartó del rey Pedro, el viejo monarca shakesperiano, que deambulaba, enfermo y sombrío, rodeado de esqueletos vivos, llevando sobre sus hombros caducos el cadáver de su nación.
Desde Corfú, refugio de lo que había quedado, luego del desastre de Prizren[4], del ejército serbio, se dirigió Gajda a Rusia por Arcángel. No le admitieron como oficial ni como soldado. Pero un día ordenó el Zar que se formaran regimientos con los súbditos eslavos de los austriacos, que figuraban entre sus prisioneros y que podrían combatir por los aliados.
En todas partes se organizaban legiones de yugoslavos, checos, eslovacos. Las había en Francia, Italia, Salónica. Era lógico que las hubiera en Rusia también.
Como capitán de uno de los regimientos checos, Gajda volvió a pelear contra los alemanes. Más llegó 1917, y con él la revolución rusa. Se derrumbó el zarismo. Los gobiernos provisionales desaparecerían uno tras otro. La ola roja subía y cubría la vasta uniformidad plana y blanca d las estepas. Y al fin, los bolcheviques se apoderaron del poder.
Y fue entonces cuando los checoslovacos emprendieron su marcha famosa, desde las selvas ucranianas a las playas de Vladivostok. Subidos en setenta trenes se abrieron camino a fusilazos y ametralladoras, salieron de la Rusia europea y se adueñaron del Transiberiano. Les guiaba Gajda, que había ascendido a coronel. Sus columnas se extendieron desde los Urales hasta el lago Baikal, y luego de infinitos combates inverosímiles, fueron amos de toda la Siberia.
¡Oh, la prodigiosa campaña de Gajda en las regiones que circundan el lago Baikal! Con un puñado de hombres famélicos, casi sin armas ni municiones, ganó batallas, dominó ciudades, pacificó a numerosos pueblos y dio a los rusos anti bolcheviques la base de que tenían necesidad para fundar un gobierno, organizar un ejército y marchar sobre Moscú.
Cuando los aliados derribaron el ministerio siberiano de Avksentiev[5] y reconocieron al del almirante Koltchak[6], y toda Siberia se hubo emancipado de la tiranía maximalista, Gajda reunió a sus compañeros de lucha y les dijo que podían volverse a Europa, donde les aguardaba, con los brazos abiertos, su patria, libre de dominaciones. Más fueron poco los que tomaron el camino de Vladivostok. La mayoría quedó en Siberia y formó el núcleo de la célebre división bohemia y eslovaca, que iba a la vanguardia de los ejércitos de Koltchak cuando éstos bajaron, como un alud, de los Montes Urales, en demanda del Volga.
Pero Gajda sufrió un desengaño. Los rusos no habían aprendido con la adversidad. Seguían siendo los que habían sido antes y durante la guerra. Y los funcionarios que nombraba Koltchak robaban, cohechaban, tiranizaban y desorganizaban la retaguardia. Llegaron – son hechos públicos – a vender a los bolcheviques el material de guerra que los aliados enviaban por Vladivostok.
Y los siberianos, los cosacos y los voluntarios de Rusia central, ansiosos de batirse, tuvieron que luchar descalzos, medio desnudos, hambrientos, con cañones que disparaban proyectiles vacíos, con fusiles sin cargadores, con ametralladoras que se inutilizaban a los diez minutos de fuego, contra las innumerables legiones que concentraba Trotski, y que mandaban generales que obedecieron al Zar.
Gajda se multiplicó, arriesgo cien veces su vida, fue violento y persuasivo, audaz y prudente, temerario y ecuánime. Más no pudo frente a lo inevitable. La corrupción y la incompetencia rodeaban a Koltchak. Y Evert, el caudillo que defendió el centro ruso contra los alemanes, desde Duneburg al Pripet, y que, con asombro de propios y extraños, se ofreció a los maximalistas como jefe militar, pudo triunfar en Samara y escalar los Urales, entrar en Omsk y en Tomsk, llegar al Baikal y conquistar Siberia para el extremismo soviético.
Entonces Gajda, desesperado, se sublevó. En Vladivostok alzó la bandera de la contrarrevolución revolucionaria, según su frase profunda, que comprendieron poquísimos, y fue vencido. Los aliados sostenían a Koltchak por principio, ya que no por convicción. El héroe checo, de romanticismo sublime, que arriesgaba su existencia por una causa que no era la suya, conocía la tristeza, de la prisión lóbrega y las emociones de los consejos de guerra.
No le fusilaron. Había demasiados bohemios y eslovacos entre los rebaños dispersos que huían de las bayonetas rojas. Se limitaron a privarle de sus grados y prohibirle la residencia en Siberia, que él había libertado a costa de su sangre.
¿Qué hará Gajda en su país, que abandonó hace dieciochos años? Tiene treinta años y ha vivido más que muchos ancianos. Combatió, sufrió, se vio envuelto por el torbellino de enormes sucesos históricos. Asistió a la caída de imperios colosales, conoció las alegrías embriagadoras del triunfo y las amarguras negras de la derrota total, conquistó territorios más grandes que tres Europas, estuvo preso, vio la muerte a su lado y sintió en la sien el roce de sus alas frías.
Un hombre así no puede achicarse, esfumarse, borrarse, quedar al margen de los acontecimientos. Su personalidad habrá de destacarse siempre y buscar un escenario apropiado.
La Europa Central se ha balcanizado. Hierven en ella fermentos nuevos. Y Gajda hallará, más tarde o temprano, el ambiente cargado y tempestuoso que necesita su alma – FABIAN VIDAL – La Vanguardia, martes 10 de febrero de 1920, página 8, tercera y cuarta columnas
[1]NOVI PAZAR. Ciudad y municipio situado en el distrito de Raška, en Serbia, en la región geográfica de Sandžak. Fue fundada como ciudad entre 1459 y 1461 por Isa-pide Ishaković, también fundador de la ciudad de Sarajevo. La ciudad fue la capital del Sanjak de Novi Pazar durante el dominio otomano que existió entre los siglos XV y XX, con excepción de la ocupación austrohúngara entre 1878 y 1908. En 1912, durante la Primera Guerra de los Balcanes, este territorio fue perdido en favor de Serbia.
[2] ESCÚTARI (Actualmente Shkodër, Albania). Municipio y ciudad situada junto al lago Shkodër, al noroeste de Albania, junto a la frontera con Montenegro. Es una de las ciudades más antiguas e históricas de Albania, así como un centro cultural y económico importante. Fue la capital de Albania hasta 1920 cuando fue sustituida por Tirana.
[3] RUDNIK. Municipio y ciudad de la región de Moravica, Serbia. Lleva el nombre del monte local, Rudnik (mina).
[4]PRIZREN. Ciudad histórica situada en Kosovo. La ciudad tiene una población aproximadamente de 165.000 habitantes, sobre todo albaneses. Es la capital administrativa del municipio de Prizreni y está situado en las estribaciones del monte Šar, en el sur de Kosovo, cerca de la frontera con Albania y Macedonia del Norte. Ver Batalla de Kosovo 10 Nov- 4. Dic 1915
[5] AVKSENTIEV, Nikolai Dimitrovich (1878 – 1943). Dirigente del Partido Social-Revolucionario ruso (PSR). Durante el periodo revolucionario ruso de 1917, presidió el Comité Ejecutivo Central de los Sóviets de Campesinos y fungió como ministro del Interior durante algunas semanas. Opuesto a la Revolución de Octubre, participó en las acciones de la oposición al Gobierno bolchevique durante la guerra civil rusa hasta su exilio forzoso a finales de 1918. Arrestado brevemente por las fuerzas de derecha que instalaron a Kolchak en el poder el 18 de noviembre de 1918, fue deportado. Se estableció en París y permaneció activo entre los círculos de la emigración rusa. Tras la derrota francesa al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, se trasladó a los Estados Unidos, donde falleció en 1943.
[6] KOLCHAK, Alexander (1874 – 1920). Marino y explorador ártico ruso, caudillo de los Rusos Blancos durante la Guerra Civil Rusa. Nació en San Petersburgo en el seno de una familia noble de origen moldavo. Fue oceanógrafo e hidrólogo de la Armada Imperial y estuvo al mando de numerosas expediciones árticas. Se distinguió por su valor en la Guerra Ruso – Japonesa (1904 – 1905) y en la Primera Guerra Mundial en la defensa del Báltico. Se convirtió en líder de los Rusos Blancos al hacerse del poder del gobierno del gobierno anti bolchevique en Omsk, Siberia. Las circunstancias políticas internas y externas no le permitieron consolidar su poder y cayó en manos de los bolcheviques en febrero de 1920. Fue rehabilitado por la Rusia postsoviética














