(...) Nada dijeron de la luz herida, de las gargantas que se despertaron sobre la oscuridad de ciertas horas, ni del murmullo arrodillado, lento, de la respiración de sus edades. Sobre la piel de una sonrisa muerta creció la profecía de los nombres.
"Cavidad permanente", Eloy Sánchez Rosillo.














