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Los dos en el alféizar | Fanfiction | Argentina/Chile; Latin Hetalia
Mucho. Dolor. Y no es que no fuera capaz de resistir como una punzada, o una pata rota, o el dolor de la guata cuando tenía hambre o el zumbidos de sus oídos a veces por la ciudad, pero es que ahora estaba tan cansado, tan agotado, tan no-me-importa nada, que sólo le hizo una mueca con la boca y recostó su frente sobre la de Martín. Él suspiró, abrazándolo un poco más pero con cuidado de no lastimarlo mucho y le besó una herida de la frente. Manuel intentó alejarse, molesto por esos gestos de los que no estaba acostumbrado, pero incluso hasta su larga cola se estremeció y, avergonzado, sonrojado, intentó esconder su rostro sobre el pecho de Martín.
—¿Vas a dejar de pelear alguna vez, Manuel?
—¿Y tú vas a dejar de ser un gato castrado, Martín?
La risa de Martín era bajita, con cierto aire seductor, pero ligera y simple a la vez. Manuel no quería admitir del todo, que se sintió mejor al escuchar esa risa sobre su oreja y se contentó con ocultar su sonrisa aún sobre el pecho de Martín.
Sobre el alféizar de la ventana, la luna los iluminó y la luz del farol finalmente pudo encender después de estar desde la tarde titilando, indecisa de si encenderse o apagarse. Martín pudo ver con más claridad algunas cicatrices en los brazos de Manuel, ese pedacito de oreja que le faltaba sobre la punta, y quiso decirle que se quedara con él. Que no necesariamente sería un gato casero (bueno, lo sería, pero quería que dejara de mirarlo desde lejos y también se echara siestas con él.
Quería decirle que esas luces que tanto quería ver, las tenía en frente. Miles y miles de luces de tantos colores posibles, justo en frente de ellos.)
—No, pero —ronroneó, lamiéndole la mejilla juguetonamente—, puedo decir que fui el primer gato en mostrarte las luces.
—¿Ah?
Cuando Martín señaló con la cabeza a la vista que tenían los dos, el corazón de Manuel se le aceleró.
Y las luces comenzaron a titilar.