El perfume de Carolina
Capítulo 3
La fiesta de Leonel
El verano ha pasado tan rápido que apenas y me he dado cuenta que ya es 15 de Agosto, mi último día en la pastelería. Ya se me ha hecho usual ir más arreglada al trabajo a comparación de al principio, cuando ni siquiera utilizaba maquillaje.
Llego más puntual que de costumbre y empiezo contar el dinero de la caja registradora. Esperando a que llegue, como todos los días, con su labial color carmín y su ombliguera indiscreta. Miro el reloj y nada, todavía no llega. Pasa una hora y me empiezo a extrañar, ella nunca llega tan tarde. Le escribo un mensaje con mi celular y justo cuando estoy apunto de enviarlo llega ella: sin labial y sin ombliguera, con una cara de los mil demonios.
-No te preocupes, ya te iba a mandar mensaje. ¿Estás bien?
Samantha me sonrío y fue directo a la cocina, tiró su bolso a la mesa y tomó su delantal.
-Sí, sólo… discutí con Leonel.
Se me hizo un nudo en la garganta y me animé a preguntar solo por curiosidad.- ¿Qué pasó?
-Lo de siempre, sus malditos celos, ya estoy hasta la madre. –Se colocó el delantal al revés.
-Sam, el delantal…
La castaña se miró el delantal y bufó sonoramente, se lo quitó enojada y después lo colocó correctamente.
-Dime que hoy no haremos inventario.
-Es quincena… -Suspiré triste, odiaba verla así por un imbécil.
-Me choca, eso lo podría hacer Chayito en un dos por tres.
-Lo sé. Pero ya empecé, sólo cuenta las cajas, yo me encargo de lo demás.
Sam me dio una sonrisa cálida y me abrazó con fuerza.- Eres un ángel, güey.
-Sólo olvídate de Leonel por un rato, ¿va?
-Mandarlo a la chingada es lo que debería hacer.- Replicó en mi oído.- Pero lo quiero ¿sabes? –Se separó de mí.- Muchísimo. –Hizo un puchero mínimo y me pegó ligeramente en la nariz.- ¡A empezar, pues!
Sinceramente odiaba que me contara sobre su pseudo relación con Leonel. Era un tipo riquito que conoció en una de las famosas fiestas de los Quintal, una de las familias más adineradas de la ciudad. El tipo era un cretino y mi sexto sentido sentía que Sammy no era la única mujer a la que “amaba”. No estaban juntos, pero lo estuvieron hace 6 meses, cuando Sam encontró unos mensajes extraños en su celular. El problema fue que Sam tenía uno que otro pretendiente insistente y el novio se justificó diciendo que él también tenía pretendientes así y que mejor los dos la llevaran más en paz. Sam se tragó esa excusa, y lo sigue haciendo.
-No puedo creer que termináramos tan pronto.- Exclamó Sam desde la cocina.
Me senté frente al mostrador y suspiré, ya eran las cinco de la tarde y por fin habían terminado todo el conteo, a pesar de los clientes que habían llegado esa tarde, todo un récord.
-Ya sé, pensé que nos llevaría dos días como la vez pasada.
-No, cállate, Carito. Ten. –Sam me deslizó su bebida favorita color amarillo fluorescente.
-Gracias.- La verdad no era muy fan de las bebidas fluorescentes pero estaba cansada como para ir por agua.
-¿Qué planes tienes para hoy? Es el último fin de semana antes de entrar a clases. –Dijo sentándose en la otra silla.
La miré acomodarse y sonreí, era tan torpe.
-No sé, ir a casa de Jorge, supongo.
-Jorge me cae bien, ¿cómo está?
-Bien, ya sabes, en las nubes.
Sam sonrío y tomó su celular. La observé un momento y después miré a la calle. Había presentado a Georgie y a Sam hace dos semanas; resultó bastante bien. Su diagnostico fue que no tiene una pisca de bisexualidad, quizá de curiosidad, pero nada más. Letty en cambio la odió, no me dijo por qué, sólo que le cayó bastante mal.
-Caro, ¿harás algo mañana? – Preguntó Sam de la nada.
-No, ¿por qué? –Fingí interés en la caja registradora.
-Hay una fiesta mañana en casa de Leonel, tienes que venir conmigo.
-¿Eh? ¿Por qué? –La miré de reojo. Ella me miraba suplicante.
Creo que irá su ex, no puedo ir sola.
-¿Y Violeta? –Pregunté por su mejor amiga.
-Ash, sigue en el DF, regresa el domingo. Por favor, tienes que ir conmigo. –Me miró suplicante mientras se hacía el pelo para atrás. Hasta parece que sabe que adoro que haga eso.
-Ok, pero ¿puedo llevar a mis amigos?
-Sí, claro, mejor, así nos veremos alegres e indiferentes.
-Sólo una pregunta. –Me atreví a decir. Sam me miró con ojos de plato mientras sostenía su celular.
-Dime. –Susurró intrigada.
-¿Por qué quieres ir? Es decir, ya no son novios, no te debería molestar que lleve a su ex. No se llevan bien, te trata… -la miré tanteando el terreno- no como una novia – bueno, en realidad quería decirle que la trata horrible.- ¿No crees que es mejor no ir?
Sam se quedó boquiabierta. Este lado no lo conocía Samantha. Estaba acostumbrada a que ella hablara como loca y yo sólo me riera o le dijera sí o no. No soy una persona muy extrovertida, pero soy más tímida si estoy con alguien que me gusta mucho.
Sam se quedó callada por un cuarto de minuto y después dijo.- Bueno, no puedo no ir, ya me invitó. No quiero que crea que me afecta… es estúpido, pero aun tengo esperanzas, ya sabes… de que todo sea como antes. Tienes razón en que no me debería de molestar pero si no voy, no sabré si ellos van a regresar… prefiero que tenga los huevos de hacer algo delante de mí a yo enterarme por rumores… ¿Soy muy tonta, verdad? –Preguntó viéndome con una cara extraña, como de vergüenza.
-No, no creo que seas estúpida, Sam, no digas eso. Sólo no quiero que te lastimes. –Tragué saliva instintivamente y le miré la cara cautelosamente.
Sam me regaló una sonrisa que no conocía, una sonrisa más allá de la gratitud. –Gracias, Carito, eres una buena amiga. Quizá mañana vaya me lastime, pero será porque yo quiero darme cuenta de las cosas, no para darle gusto a ese cabrón.
Asentí y le sonreí con inseguridad.
Esa noche pensé las cosas y quizá no debí decirle nada sobre que no se lastime, quizá eso es lo que ella quiere en una relación, dolor y despecho. Ese lado de Sam no me gustó, por fin encontré algo en ella que no me gustaba.
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El sábado la acompañé a la famosa fiesta de Leonel Quintal. Ni Georgie, ni Letty pudieron asistir por una cena familiar que tenían esa noche, así que tuve que invitar a mi último recurso: Brandy, otra vecina de Carolina que parecía la clon de Natalia Lafourcade en sus inicios. Vestía pantalones rasgados, con playeras de bandas de rock que nadie conocía y tenía uno que otra rasta en su cabello castaño oscuro. Su nombre real es Brenda, pero se ganó el apodo de Brandy por obvias razones en la preparatoria a la que asistía. No era la mejor acompañante para una fiesta tan fresa como a la que íbamos pero prefería eso a ir sola a ver cómo mi amor platónico se encontraba con un patán.
-¿Es la chica de la que hablabas el otro día con Jorge y Letty? –Preguntó Brandy en el asiento copiloto de mi carro.
-Sí, pero ella no sabe nada, Brandy, que no se te salga.
-Soy un ataúd, Carito. –Sonrío mientras le cambiaba a la radio.
Llegamos a la fiesta, no había ni en donde estacionarse. Cuando por fin encontramos un lugar era a dos cuadras a la casa. Me vi al espejo antes de bajarme y me retoqué los labios. Brandy solo se bajó y me esperó afuera.
-Te ves bien, Carito, no te preocupes.
-No me preocupo… sólo, me gusta verme bien, aunque ella le de igual.
Brandy me sonrío y me agarró del brazo.- Sí lo ha de notar pero no sabe que es para ella. La vibra se siente, ¿sabes?
Me aterró su comentario, ¿entonces Samantha ya sabía mis sentimientos? Mamadas, esa mujer era la más despistada que había conocido. Caminamos hasta la fiesta y entramos, había un mar de gente nice. Rápidamente la vestimenta de Brandy hizo contraste y obtuvimos todas las miradas no amistosas de los amigos de Leonel.
-Se ven muy amistosos sus amigos, ¿eh? –Comentó Brandy en voz alta mientras se arreglaba el cabello de lado.
-Ahí está.- Suspiré al verla sentada en el brazo de un sofá platicando con dos chicas más normales que los demás. Fui directo hacía ella y le toqué el hombro. – Hola, Sam.
Sam volteó y me dejó sin aliento por unos segundos. Gritó, pero no pude escucharla, su perfume inundó mis pulmones dejándome en coma. Me abrazo y me quedé estática. Se veía radiante, hermosa, deliciosa, sexy… Cuando recobré el aliento ella estaba viéndome extrañada.
-¿Qué tienes? ¿Estás bien? –Preguntó dejando su vaso en la mesita de al lado del sofá.
-Sí, solo… sentí un aire raro.
-¿UN QUÉ? –Preguntó viendo a sus amigas con burla.
-Ya sabes cuando… nada.- Reí con ella.- Me costó mucho encontrar un lugar, caminé kilómetros. –Me burlé para calmar el comentario pendejo que hice.
-Ay Carito, y no has empezado a tomar. Mira, te presento a Julia y Martha, son mis amigas de la escuela. –Les estreché la mano y las dos me miraron raro. ¿Radar lésbico?
-Hola, Carolina, mucho gusto. –Las dos chicas me sonrieron y después miraron a Sam.
-Carolina y yo trabajamos juntas todo el verano en la pastelería de Plaza Coral.
-Ella es mi amiga Brenda.- Apunté a Brandy para hacerla resaltar en la conversación
Las chicas saludaron a Brandy amistosamente.
-¿Quieren algo de beber? –Preguntó Sam con una sonrisa.
-Sí, yo voy por las bebidas, ¿dónde me sirvo? –Preguntó Brandy con impaciencia.
Le di una mirada amenazadora a Brandy pero ella se esfumó apenas Sam apuntó hacia la cocina.
-Qué bueno que viniste, Carito, te ves muy bien.
-Tú también, Sammy, te ves preciosa.
Sammy me miró sonrojada.- ¡Ay no seas exagerada!
Vi las miradas cómplices de Martha y Julia y mis sospechas crecieron.
-Julia y Martha estuvieron conmigo en la prepa, de las pocas personas que me aguantan, ya sabes. –Sonrío tontamente.
-Sí, deberían pagarnos por ser tus amigas, Sammy, estás loca.
-Perras, sé que me aman.- Dio un sorbo a su bebida.
Las dos chicas se marcharon después de un rato y Brandy llegó después para darme mi bebida y marcharse con un simple “Olvidé hielos para mí”. Conocía sus intenciones de dejarme sola y no me sentía mal de que lo hiciera. Sammy empezó a hablarme de la gente del lugar, pero sólo podía ver sus labios rojos moverse mientras apuntaba discretamente a la gente.
-¡Samrita! –Se escuchó al lado mío. La burbuja se rompió.
-No me digas así, Leo. –Le pegó la chica al tipo fornido que se nos acercó. Era un típico mirrey: rubio, ojos miel, peinado de Luis Miguel, camisa manga larga de botones (¡con éste calor!), dos botones desabrochados. Lo odiaba sin conocerlo.
El chico la abrazó y le dio un fuerte beso en la mejilla. Sammy hacía como si se resistiera pero no luchaba lo suficiente. Me coloqué un mechón atrás de la oreja para poder voltearme disimuladamente hacia otro lado. La mayoría de las personas veían el mal tercio que hacía en la escena dulce de dos tortolos derrochando amor y cariño. Busqué mi vaso de bebida invisible, sin encontrar más que mi mano haciendo una O. Puse mi vista en la cocina y ¡oh, sorpresa! Brandy ya estaba platicando con un chico de lentes bastante más alto que ella. La fulminé con la mirada.
-Leo, te presento a Carolina, la chica con la que trabajo en la pastelería.
Me volteé como quien no quiere la cosa y lo miré fingiendo simpatía. El chico puso su mejilla junto a la mía y me dieron ganas de vomitar.
-Carolina, Samantha me ha hablado mucho de ti.
Sonreí hipócritamente.
-Básicamente que hacen pasteles juntas.
Sammy le tiró un golpe con su bolso en la espalda.- No hacemos pasteles, tonto, sólo los vendemos.
-Bueno, eso, que se divierten mucho haciendo y vendiendo quequis. –Leonel soltó una risa estúpida y sonora, vio mi cara de pocos amigos y dio un sorbo a su vaso.- No, no es cierto, me ha hablado bien de ti. No me dijo que eras tan bonita. ¿Por qué no me lo dijiste, Samri?
-Leonel, sé respetuoso. –Pidió Sammy viéndome de reojo con una sonrisa insegura.
-Con todo respeto, Carolina, estás muy guapa. Ven, te presentaré a mis amigos.
Me abrazó con un hombro y con el otro abrazó a Samantha y nos llevó a la terraza. Sí, el primer piso era una terraza… ¿o era el segundo piso? Era una casa muy extraña, con vista al mar. La terraza estaba más llena que el interior de la casa. Había mucha gente riendo y platicando. Había un DJ olvidado en el rincón que repetía un beat pegajoso.
Leonel nos arrastró hacia unos camastros que estaban del lado izquierdo de la casa. Cuando por fin me liberó, descubrí que mi pelo se había atorado con mis aretes y miré a Sammy con reproche. Samantha lo golpeó con su bolso otra vez y el chico la abrazó con violencia.
-¿Por qué me pegas? –Le dio un beso que Samantha esquivó.- Te haces la difícil, amor.
-No me digas, amor, Leonel.
Volví a aplicar mi técnica del mechón, aunque ya estuviera detrás de la oreja, pero fue interrumpido por la presencia de dos chicos mirreyes amigos de Leonel.
-Héctor, Nerón, los champions que estaba buscando. Les presento a Carlota, amiga de mi esposa.- Sammy le dio otro bolsazo.- Bueno, ex esposa.
-Es Carolina, chicos. –Sammy forcejó para quitarse el brazo de Leonel de la cintura pero al final cedió.
Los chicos me miraron sonrientes y me saludaron. Momento incómodo número 3.
-¿Qué estudias, Carolina? –Me preguntó Nerón, un chico rubio y corpulento, unos centímetros más alto que yo.
-Artes Visuales.- Contesté distraída con la mano de Leonel en la cintura/cadera de Samantha.
-¿Dónde estudias? –Preguntó Leonel con desinterés.
-En la Autónoma. Entré apenas este año.- Contesté con orgullo, me tomó todo un semestre estudiar para ese examen.
Los chicos dieron un sorbo a su bebida y se dieron cuenta de que yo no tenía. Héctor fue por una bebida para mí mientras yo me quedaba con Nerón y los chicos. Samantha y Leonel desaparecieron a la mitad de conversación sobre los botes de mi padre. Los busqué con la mirada todo el tiempo, sin rastro alguno.
Nerón no resultó ser un estúpido como Leonel, me hacía preguntas bastante interesantes y sacaba temas de conversaciones más relevantes que “¿cuánto ganan mis papás al año?”. Resultó que teníamos el mismo gusto en series y libros de ciencia ficción, y nos enfrascamos en un debate sobre Héroes y Supernatural. Héctor se escabulló al no hallar fanáticos de los videojuegos. Me sumergí tanto en la conversación que cuando volteé había más gente. Una chica con ojos miel muy grandes se acercó a nosotros y nos saludó secamente.
-Nerón, ¿es cierto lo que pasó con María Fernanda? –Preguntó inmediatamente.
Aproveché la oportunidad y me escabullí para buscar a Sammy y a Brandy. Caminé hacia la cocina y ahí estaba Brandy, platicando muy pegadita con el chico de lentes, tenía un look bastante teto, pero sabía que era el tipo de chicos que Brandy busca, cerebritos más altos que ella.
Di una vuelta más por la casa, evitando tanto a Nerón como a Héctor, pero no los encontré. Llegué a la entrada de la casa y vi unas escaleras con alfombra. Me asomé pero me dio pena bajar en casa ajena. Empecé a caminar hacia la cocina cuando la puerta principal se abrió detrás de mí.
-¡Hola, corazón! –Gritó Sammy radiante de felicidad. Sabía que no eran buenas noticias.- Traje más Whisky y papas por si quieres.
La dejé pasar a la cocina. Detrás de ella venía Leonel con dos bolsas de botellas diferentes. Venían solos… tenía un mal presentimiento de esto. Samantha salió de la cocina, me tomó del brazo y me empujó hacia la pared. Respiré hondo.
-Tengo algo que contarte. – Dijo sonriente, mirándome con ojos grandes y dilatados. Miró de reojo a Leonel dentro de la cocina y me apretó el brazo.- Te cuento más tarde, ¿va?
Asentí y Samantha me soltó. Me lamí los labios y volví a salir a la terraza, en busca de aire fresco. ¿Qué hacía ahí? Yo, la que le aconsejé a Samantha que no viniera para no hacerse daño, parece consejo para mí. Me senté junto a Nerón y él me sonrió de vuelta mientras platicaba ahora con otra chica más. Frunció el ceño cuando vio mi cara triste y me dio unas palmaditas en la pierna.
-¿Todo bien, amiga?
Asentí con una sonrisa falsa y me recargué en mi asiento. Me sentía pesada, con ganas de huir del lugar.
-Ya trajimos más botellas, vayan a agarrar más.
Abrí los ojos y los vi, tomados de la mano. Tragué amargamente. Sammy me guiñó un ojo y sus ojos volvieron a Leonel. Me dieron ganas de levantarme para darle una bofetada. ¿Qué tiene ese estúpido que no tenga yo?
Sentí los ojos de Nerón viéndome y me levanté sin responderle la mirada. Fui a la cocina y cuando estaba apunto de servirme tequila me detuve. No, no haría el ridículo ese día. Lo mejor era irse. Salí, busqué a Brandy con la mirada y la encontré en el sofá besando al chico de lentes. Mi cabeza ardía, ¿qué hago? ¿La dejo?
-Brandy. –Susurré despacio.
Con el ruido de la sala no me hice escuchar para nada. Miré a los demás inmersos en sus conversaciones y grave fue mi error cuando volteé a la terraza y la vi… besándose con Leonel. Mi estómago se achicó en un segundo y me dieron ganas de vomitar. Mis ojos se llenaron de lágrimas, más no lloré.
Miré a Brandy una vez más, quien me vio de reojo por una milésima de segundo, para después regresar su mirada a mí, con el ceño fruncido. Se levantó y fue hacia a mí.
-¿Qué pasó, Carito? ¿Estás bien?
-No, Brandy, ya me voy. ¿Te quedas? –Pregunté viendo de reojo al chico de lentes, quien nos miraba a la distancia.
Brandy volteó y le hizo seña de que ya se iba.
-¿Por qué no le preguntas si tiene carro? Así te quedas más tiempo con él. –Dije sin pensar.
Brandy me miró.- No te voy a dejar sola así cómo estás. Te ves muy triste.
Sus palabras rompieron un poco mi semblante de normalidad aparente, y la miré suplicante.
-Estoy bien, pregúntale…
Brandy me miró fijamente y regresó con el chico, vi que asintió y después ella regresó.
-Me puede llevar, pero Carito, la verdad no te quiero dejar sola así como estás.
-Estoy bien, no te ofendas, pero preferiría estar sola.
Brandy asintió y me abrazó de la nada.
-Háblame cuando llegues, ¿si?
Asentí con la cabeza, me di media vuelta y salí sigilosamente.















