Cura tu herida, ámate ahora
Como buena acuariana no suelo contar mucho sobre aquello que me carcome por dentro. Le pongo una curita a la herida y sigo con mi vida. Eventualmente empieza a fastidiar y doler más.
La sanación siempre pasa por atravesar un proceso en el cual de manera simbólica, limpias la herida, la curas cotidianamente, cuidas que no se infecte, esperas que se haga una costra que caerá. Y si tienes suerte y te dedicaste en profundidad a sanarte, no quedarán cicatrices.
Tu cuerpo responde a todo lo que le das: sentimientos, emociones, afectos, comida, actividad física, actividad mental, etc. Lo nutres constantemente.
He empezado a dejar de culparme por no haber procesado las cosas que me tocaron a vivir a tiempo y que aquellas heridas dejaran cicatrices, y con el tiempo, enfermaran mi cuerpo.
Callé, reprimí, me culpé, caí en negación, pero el dolor estaba comiéndome por dentro y no quería aceptarlo. Pensaba que iba a ser más doloroso curar la herida que salvar todo el brazo, por poner un ejemplo.
Resentimiento, miedo, dolor, culpa… ahora empiezo a dedicarme a sanar. No voy a mentir, empezar fue sumamente doloroso. He ido capa por capa y siento que avanzo. Ya no duele tanto como al inicio porque has aprendido a generar mecanismos de respuesta ante aquellas heridas que te negabas a ver. Al menos aprendiste el proceso. Pero cada situación es única, como lo somos cada uno de los seres que habitamos en este universo.
Me tendrán que operar en breve y estoy aterrada. No será mi primera cirugía, pero no deseaba volver a pasar por otra de nuevo en mi vida.
Y ahora, te aconsejo que no postergues mucho el enfrentarte a aquello que te causa dolor y que empieces a curar. Cuando no lo haces a tiempo, tu cuerpo se va alimentando de esa energía y para avisarte que es tiempo de curar, se enferma.
Amémonos y no temamos atravesar por el proceso de curación porque pueda doler. Al final siempre será mejor que negar la enfermedad.










