El calmo fragor de la maquinaria
Analysis tools, extract, clip. Select features, selection, select by location, apply. Control copiar. Control pegar. Alinear, eliminar columna, añadir borde. Repetir ad nauseaum. Las 11:40 y otra vez esa puta canción, siempre a la misma chingada hora, ¿quién será el intérprete? ¿Es esto lo que se oye en estos días?
La silla cruje; click, tap tap tap, click tap click, así canta desafinado el coro de los cubículos aquí y allá; otra silla es arrastrada sobre sus torpes ruedas. La puerta de una oficina rechina mientras se abre con lentitud, alguien sale desanimadx, enfadadx y desilusionadx tras una discusión con su superior. Aquel maldito teléfono vuelve a sonar con una coqueta y simplona música, una compañera burlona imita la melodía; como cada día el desesperado aparato clama por atención, demanda la presencia de su dueñx que está en todos lados menos en su cubículo, ¡por amor de dios, cállenlo ya!
Zapatillas, zapatos, tacones, castigan la triste losa blanca con vetas grises. Tap tap tap, click click, tap. Una estrepitosa risa rompe el silencio relativo, la atmósfera enloquece, como las olas en un océano castigado por la tempestad. Como si el cielo se aclarara y el sol calmara las aguas el murmuro vuelve, ininteligible y persistente. La inquietante calma.
“¿Puedes hacer un break con los mapas? tenemos que ir a la sala de juntas ya”, “No, no, el archivo que tienes no está actualizado”, “¿Ya corroboraste esa información con los datos de SEMARNAT?”, “Me tardé 5 años en poder tomar unas buenas vacaciones a un lugar más lejano”, “Ya está el análisis de oxígeno disuelto“ ’¿Entonces ya están pidiendo a todos la certificación?” “Buenos días” “Con permiso” “Gracias” “Buenas tardes” “Provecho”.
Un estornudo escapa violentamente de mi cráneo, alguien a lo lejos me dice “salud”, quizás nunca sabré quién fue; frente a mí, además del estéril equipo de cómputo, se alzan dos murallas forradas con una deprimente tela azul marino con un patrón de minusculos puntos rosados y beige, más tristes que la tristeza misma. Crueles muros, destructores de toda humanidad, aprisionadores del brío de la juventud, aniquiladores de la creatividad, forjadoras de autómatas.
Se escucha un estornudo a lo lejos, no digo nada, pasan unos segundos. Sigo en silencio.
Afuera se escucha un helicóptero; automóviles pasando sin hacer mucho ruido; los frenos de un camión sedientos de una buena lubricada; aves cantoras gozando de lo lindo, en libertad. 12:30pm y se oye que pasa aquella patineta que día a día no puede faltar, aunque parece que hoy se le hizo media hora tarde.
Alguien por detrás me toca, me abraza, lentamente me acaricia, tan suave, tan cálido. ¿Quién es? Es el dulce sopor, el dulce sueño que me seduce, que pasa delicadamente sus dedos por mis párpados. Me resisto, resuelto a despertar, lucho como nunca antes luché con una fuerza sobrehumana, una fuerza interior que con un ímpetu insaciable se abre paso por mis entrañas, pero con cada segundo que pasa la batalla parece ya perdida. Me ha rendido, sus labios tocan mi hipotálamo, sus brazos me arropan, no más frío de vigilia.
El café me hizo lo que el viento a Juárez.
Mi mano derecha hace click, mi mano izquierda ejecuta comandos, mis ojos hace ya varios minutos que ya están cerrados, aliviando la palpitación que taladra mi cabeza, apaciguando la sensación punzante en mi pecho, acallando el dolor. No ha de durar mucho pues un cruel e injustificado sentido del deber me lanza una cubetada de agua helada y el suplicio vuelve más insoportable que nunca.
Mierda, 2:00pm, falta una hora.
Como todos los días tenuemente ruge aquel casi inaudible estruendo que adormece las mentes de los zombificados siervos de gabinete, ruge todo el día a lo lejos como una tormenta que aún tardará un par de horas en llegar, pero al mismo tiempo suena como una hambrienta bestia que resopla en la nuca, justo antes de cercenar la yugular con sus fauces. ¿Qué será? ¿El sistema de ventilado? ¿El resultado del orfeón de los equipos de cómputo? ¿Alguna máquina del laboratorio contiguo? ¿O es simplemente el sonido de la muerte secuestrando lentamente tu razón, tu vida, tu juventud, tu espíritu?
Dan las 2:50pm, mi jornada de 4 horas llega a su fin, no sé si sentir admiración o lástima por aquellos que pasan 9 horas aquí, pareció una eternidad, una eternidad que se repite de lunes a viernes.
Apresurado guardo el progreso, cierro los programas, expulso las memorias USB. Inicio, apagar el equipo.
“Cerrando, espere”
La luz abandona el monitor, frente a mi queda un opaco espejo negro, ¿qué hay ahí? ¿Quién está ahí? Es un extraño, es el enemigo, el ser odiado, es la muerte, es la vida que se desvanece.













