ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ⠀ 𝗺𝘆 𝗳𝗶𝗿𝘀𝘁 𝖽𝖺𝗒𝗌 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ⠀ lee bona ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ⠀ + summer 2020 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ⠀ + seoul, south korea ㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤ 未 ; El primer día de clases, o en sí la primer semana, debería ser considerado como una de las formas de torturar a los alumnos más actual que hay. Después de pasar por lo delicioso de vacaciones donde puedes dormir hasta la madrugada y despertar hasta la hora donde lo creas conveniente, tienes que empezar a levantarte temprano para ir a un salón de clases al que muy seguro es que no quieres ir, a escuchar maestros a los cuales no les entiendas todo lo que hablan o que sólo una parte de lo que hacen sea en realidad un tema de clase. Como le ocurría la mayor parte del tiempo a Bona. Empecemos con que en varios semestres tenía apuntadas clases de historia del arte, mismas de las que recordaba sólo la parte del arte y lo de fechas históricas quedaba en el olvido en su almohada cada que dormía. O las tediosas clases de matemáticas del arte, donde tenías que utilizar fórmulas un tanto extrañas para calcular las dimensiones de la pieza que estabas analizando. Esa mañana en particular, las cosas no iban muy diferentes que los otros semestres para Bona. Empezando porque se había quedado dormida y con muchos trabajos había logrado ponerse el uniforme de manera correcta antes de salir corriendo por los pasillos, esperando no estrellarse con ningún compañero y vieran el desastre que estaba hecha o algún maestro que le llamase la atención por ir a aquella velocidad por los pasillos. Cuando visualizó el pasillo del salón donde tenía apuntadas clases, bajó la velocidad e ingresó de la forma más discreta. Pasaron quince o veinte minutos de oír al profesor hablar, para que se diera cuenta que algo no andaba bien. Confundida sacó su horario escolar para cerciorarse del nombre de la materia y lo que encontró la dejó más perpleja de lo que había estado segundos atrás. El aula era la indicada, sin embargo el edificio era otro. La hoja citaba “E” y ella estaba dentro del edificio “F”. Decir que la sangre se le fue a los pies, no estaba lejos de la realidad. Sintiendo el rostro más caliente de lo que había estado jamás, se levantó en silencio y salió del lugar, rumbo a donde citaban los carteles que se encontraba el edificio correcto. “Vaya manera de empezar el día”, se recriminó.










