Eruca Sativa en el Gran Rivadavia: Leyendas del mañana
Para cerrar un año plagado de enormes satisfacciones, Eruca Sativa lanzó “Barro y Fauna”, su muy buen cuarto disco de estudio. Con la gira que servirá como presentación oficial en el horizonte, la banda conformada por Lula Bertoldi, Brenda Martín y Gabriel Pedernera se dio el gusto de realizar una vez más “Huellas Digitales” – su registro en vivo con orquesta editado en 2014-, esta vez en el Teatro Gran Rivadavia. La performance fue notable, con varios momentos de brillantez absoluta, mostrando la evolución del power trío en un momento de transición musical muy claro, donde la búsqueda de mayor complejidad en cuanto a los géneros, el estilo y el volumen han pasado a ser el principal objetivo.
Sin demasiada espera, el telón se corrió para dejar al descubierto a los tres integrantes de la banda. En plena oscuridad y con ellos armados solamente de guitarras electroacústicas, los acordes de “Mi Canción” comenzaron a sonar para dar por iniciada una velada que sería inolvidable. Logrando un nivel de intimidad impresionante, con la voz de Lula muy controlada y dulce y un punteo notable de Gabi sobre el final de la canción, la primera ovación no tardó en llegar.
El recorrido por sus orígenes continuó con “Para Nadie” de La Carne (2008), aumentando notablemente la potencia con las tres guitarras muy altas y la frontwoman dejando escapar un poco más esa voz tan salvaje y poderosa. Sin mediar mucho tiempo, una excelente introducción de Gabi anunció “Una Vida”, un tema con una lírica tan profunda como inteligente, mostrando Lula su rango vocal y Brenda sosteniendo la estructura como si tuviese un bajo en lugar de una guitarra.
El formato acústico finalizó con una muy buena versión de “Tanto Tiempo”, con la cantante apelando mucho a los graves en los momentos de mayor intensidad y con una influencia notoria de “The Battle Of Evermore” de Led Zeppelin. Luego de un breve interludio, los tres músicos fueron a sus lugares habituales y comenzaron a aumentar la temperatura con “Desátalo”, quedando la atmósfera previa en el recuerdo.
El juego de luces, notable y veloz, ayudó a construir un nuevo paisaje, que terminó de consolidarse con “Mi Apuesta”. Brenda, ya serpenteando en el bajo, llevó adelante la canción y Gabi marcó los tiempos a la perfección y Lula a pura potencia hizo temblar todos los cimientos del lugar cuando cantó “¿Cuándo vendrán los días? Solo dame una razón para seguir pateando esta miseria”.
Mientras los espectadores intentaban recuperarse todavía del gran shock que significó semejante inicio, la aplanadora siguió su rumbo con “Eco”. La técnica de Brenda se pudo ver entera, no solo por la precisión y la velocidad, sino también por el rasgueo similar al de una guitarra y su participación como segunda voz a pura seducción. Tras los aplausos y los gritos desaforados en mayoría sin sentido – esos de un público argentino que a veces no diferencia los lugares y cree que todo es un estadio- la sensacional introducción de Lula con la acústica para “El Genio De La Nada” exhibió el gran momento instrumental por el que está pasando Eruca Sativa.
“Calma” trajo mucho sentimiento y furia al Gran Rivadavia, mientras que “Enmudecer” sirvió como un centro de gravedad negativo, con el desamor el centro de la lírica, y la ayuda de la percusión. El falsete de Lula fue tan doloroso y perfecto como la letra y el ingreso del violín en el estallido no generó una ovación de pie vaya uno a saber por qué. La presencia de Nicolás Sorín en el escenario, dirigiendo a las cuerdas y los vientos y disparando desde el teclado fue muy celebrada por un público dispuesto a que la banda nunca saliese del recinto.
Con “Cuánto Costará”, el líder de Octafonic demostró su talento para crear atmósferas envolventes, liberando de esa tarea a Brenda para que se ponga a la par de Lula y maneje los tiempos desde arriba. El solo de Bertoldi fue magistral y Gabi finalizó la canción con un golpeo muy selvático, tal cual marca el estilo de John Lee Hooker. Al instante del bajo salieron fintas de graves que anunciaron la llegada de “Tu Trampa”, con el agregado del octapad y un cierre muy experimental con la pedalera y el sintetizador en primer plano.
El cover de la noche fue “Corazón Delator” de Soda Stereo, sin dudas muy logrado pues respetó la esencia y le agregó el poder y crudeza característicos de Eruca Sativa. Para “Ciudad”, Bertoldi logró con mucha facilidad dar con el tono perfecto, sin perder el hilo cuando se produjo el estallido en la batería. Los vientos y cuerdas se sumaron en conjunto para “Frío Cemento”, otra canción su placa titulada La Carne, llegando a un volumen impresionante y con un freno muy técnico por parte de las cuerdas.
El cello le dio a “Agujas” una dimensión épica y de estadio a una excelente canción, siendo el latido desde el octapad el alma de ésta. El barítono y el saxo, ambos de Octafonic, completaron el cuadro y demostraron que se puede ser muy rockero y potente aún con una orquesta detrás manejando los hilos. La clase práctica tuvo su continuidad en “Paraíso En Retro”, generando un clima festivo y áspero al mismo tiempo, incómodo por momentos, sin dejar ninguna fibra por tocar.
El setlist siguió con “Antes Que Vuelva A Caer” y la hermosa “Para Que Sigamos Siendo”, llegando después al gran momento de la noche: Pedro Aznar se subió al escenario y la ovación se hizo lógicamente interminable. La interpretación que hicieron de “La Abeja y La Araña” fue brillante, monitoreando todo Aznar desde la acústica con el acompañamiento muy respetuoso y preciso de la banda. La calidad de tamaño artista engrandeció un show ya excelente, culminando la colaboración con la notable y desgarradora “Amor Ausente”. Pedro deshizo el bajo, con un solo hermoso en el puente de la canción y quedó muy poco para decir y hacer luego de su retirada envuelto en la más absoluta calidez.
El funk invadió el teatro con “Magoo”, con el teclado prendido fuego y combinando varios géneros como el jazz, el rock y el mencionado funk, logrando una explosión total de sonido. El beso que Lula y Nico se dieron poco antes de finalizar el tema fue un detalle muy simpático que quedó inmortalizado por los fotógrafos. El cierre de la noche fue de la mano de es bomba bailable llamada “El Balcón”, que tuvo un solo de saxofón impresionante.
Luego de los saludos de rigor, Lula, Brenda y Gabi regresaron en soledad y dispararon, ante la sorpresa de todos, “Nada Salvaje” en formato eléctrico haciendo que por unos minutos las butacas desapareciesen y todos los presentes saltasen sin parar para después si dar por finalizado un 2016 que significó un punto de quiebre y de evolución para Eruca Sativa. Una banda que tiene esa virtud de sonar excelente y de nunca hacer un disco igual al otro, de vivir en constante movimiento y de nunca jamás perder la curiosidad artística, esa que es el motor de los artistas destinados a ser leyenda.
Crónica: Rodrigo López Vázquez
Fotografía: Valeria Solange