Caedis miró las luces de los faroles que iluminaban las calles de Florencia, en 1440, año del señor, con una indiferencia milenaria. Había visto ciudades por mucho mas hermosa que aquella arder en llamas que él mismo había provocado, y sin embargo las creaciones del hombre nunca le llamaban demasiado la atención. De cualquier forma se encontraba en la mansión de los Visconti, duques de Milan, dispuesto a evitar que aquella ciudad ardiera también, pero por llamas que no eran suyas. La melancolía desapareció de sus ojos negros en cuanto escuchó la puerta del cuarto contiguo abrirse. Lilith había estado arreglándose, después de todo iban a una fiesta, y los resultados eran innegables. Con esa aura sombría, pero seductora, que siempre portaba, en combinación con ese vestido, la madre de los vampiros se veía esplendorosa como la noche misma.-Los mortales no podrán apartar la mirada de ti.- Estimó el Rey en las sombras al ir a ella y mirarla mas de cerca.-Yo tampoco querría, pero tenemos trabajo que hacer.- Tomó su diestra y la besó en el dorso, como gustaba de hacer cuando la tentaba.-¿Lista para descubrir que esta mal en Florencia?.-