En la Segunda Guerra Mundial, el ántrax fue considerado el arma biológica definitiva. Antes de usarlo, probarlo era esencial. Así nació la "Isla Envenenada" de Gruinard.
Para "desintoxicarla", expertos mataron a todos los animales, excavaron y quemaron el suelo contaminado, y lavaron todas las edificaciones. Aún inhabitada, las visitas son altamente controladas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, varias naciones consideraron el uso del ántrax como arma biológica debido a su alta letalidad. El ántrax













