violentbeatdown
Irrumpió en el palacio de Sindria como un vendaval, con su sempiterna escolta tras de ella, guardando sus espaldas como si todo lo que respirase cerca de su princesa fuese un peligro. Kouen así lo había pedido, y sin más indicaciones que las de mantener una cordial charla con Sinbad, la había mandado de igual forma a Sindria. No se podría decir que aquello no la había puesto de mal humor, pues sí, sí que lo había hecho, pero era su deber, —o el deber encomendado en el último momento— y debía cumplir con los deseos del primer príncipe. Por lo que allí estaba, aguardando, con su abanico en una mano, mientras miraba todo con fría curiosidad.
Esperaba tener una charla simple, sencilla, algo completamente inverosímil. No comprendía cuál había sido la intención de su primo, ¿acaso creía que ella —la ignorada y poco destacable Hakuei— podría tratar temas políticos con tanta sutileza y naturalidad? Desde luego, era un gran voto de confianza que henchía su pecho de algo parecido a la felicidad, pero a la vez obstruía su respiración con el gran peso de la responsabilidad.
Observaba a la gente ir y venir en un continuo vaivén. Sindria rebosaba vida, y desde su posición escuchaba el gentío, las risas y la felicidad que podía respirarse. Decidió aguardar un poco más al rey Sinbad mientras contemplaba el paisaje por una de los ventanales de una gran sala a la que había sido llevada, respirando lentamente, intentando relajarse.












