levihan - oneshot
De cuando la Legión se infiltró en Marley…
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La tela era demasiado ajustada, demasiado incómoda. Hanji intentó ocultar una mueca de desagrado; hubiese preferido ponerse alguno de esos trajes elegantes que a ella tanto le gustaban. Sin embargo Sasha, que la había ayudado a prepararse, había insistido tanto que no había tenido más opción que ceder.
-Me veo como una tonta, ¿verdad? - murmuró para sí misma, contemplando su imagen reflejada en el espejo de cuerpo entero. El cuello alto del vestido resaltaba su figura esbelta pero musculosa. Una pequeña abertura en el costado derecho dejaba entrever una de sus piernas y el escote pronunciado de la espalda le parecía quizás demasiado revelador. Los zapatos de tacón que la habían prácticamente obligado a usar tampoco estaban ayudando mucho.
Suspiró, acomodándose el parche negro encima del ojo mutilado; si no se apuraba iban a llegar tarde. Por sugerencia de Onyakopon habían decidido tomarse el día libre para pasear por Marley y, en uno de los tantos puestos de comida que habían visitado, los chicos habían oído hablar acerca de un baile. Al principio ella y Levi se habían negado rotundamente, argumentando que no habían venido de vacaciones, que estaban ocupados. No obstante, las expresiones alegres y entusiasmadas en sus rostros habían terminado por convencerlos; tal vez, porque era la primera vez en mucho tiempo en que los veían sonreír de nuevo. Tal vez, porque ellos también necesitaban divertirse un poco después de todo.
La puerta abriéndose de golpe esfumó la bruma de sus pensamientos en apenas cuestión de segundos. Allí, al otro lado, Levi la observaba apoyado contra el marco.
-Parece que al fin te has dignado a bañarte, cuatro ojos. - se mofó, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón de vestir. Llevaba una camisa blanca impoluta, sin una sola arruga, y un saco y corbata negros haciendo juego.
Hanji le dedicó una sonrisa triunfante y giró sobre sus propios pies pese a lo mucho que se lo dificultaban los zapatos.
- ¿Qué tal estoy? - preguntó. Un rosado tenue le adornaba los pómulos.
Levi se lo quedó pensando, recorriéndola con la mirada una vez más. Nunca la había visto tan hermosa.
-No estás tan mal. - confesó. Ahora, el que se sonrojaba era él.
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- ¡¿Hanji-San y el capitán Levi?!- exclamó Eren, totalmente atónito. Delante suyo, al otro lado del salón, sus dos superiores conversaban quizás demasiado cerca el uno del otro.
Mikasa puso los ojos en blanco, para nada sorprendida.
-No puedo creer que no te hayas dado cuenta antes. - protestó. - Son tan obvios que dan asco.
Sasha se acercó a ellos masticando algo que parecía ser pescado y se apoyó contra la pared que tenía detrás. Allí, contra una de las columnas de mármol, Hanji se reía a carcajadas de algo que Levi acababa de susurrarle al oído.
- ¿Creen que deberíamos hacerlos confesar? - sugirió, hablando con la boca llena.
De pronto, todas las miradas fueron a parar encima de Armin; quizás, porque todos acababan de tener la misma loca idea.
-Antes de que lo digan, no idearé ningún plan. - se negó él, evidentemente nervioso. Éste no era asunto suyo ni de los chicos. - Hanji-san y el capitán son grandes, estoy seguro de que pueden resolverlo solos.
Mikasa volvió a rodar los ojos. En frente suyo, Levi sostenía entre las manos el par de zapatos que Hanji acababa de quitarse. El cómo demonios Eren, en el transcurso de tantos años, no lo había notado, era algo que escapaba a su capacidad de comprensión. Todas las señales habían estado allí siempre.
-Pues yo creo que son tan cobardes que, si no los hacemos confesar ahora, entonces nunca dirán lo que sienten. - repuso. Su voz sonaba monótona, aburrida.
-Estoy de acuerdo. - se sumó Jean. A su lado, Sasha dio otro bocado a su comida.
- ¿Qué tal si los hacemos bailar juntos? - propuso, aun masticando. Jean le dio un codazo para obligarla a tragar.
- ¡Se me ocurre algo mejor! - exclamó. - ¿Qué tal si hiciéramos bailar a Hanji… pero con otro hombre?
Las miradas de todos volvieron a cruzarse. Al parecer, estaban de acuerdo una vez más.
-Podemos darle un par de billetes a ese tipo alto de allí...- se metió Connie. Sus manos revolvían sus bolsillos en búsqueda del poco dinero que le quedaba. A excepción de Armin, el resto comenzó a hacer lo mismo.
-No creo que esto vaya a terminar bien…- tartamudeó él, a modo de advertencia.
Pero ya nadie estaba escuchándolo.
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No era sorpresa que el baile fuera una fachada para distraer a la sociedad marleyense de los tiempos turbulentos que se avecinaban. La música estaba demasiado alta, la decoración era por demás ostentosa y, para fortuna de Sasha, la comida rebosaba las mesas. Ni en sus más locos sueños hubiese imaginado que algún día iban a terminar en un lugar así; rodeados de cerdos narcisistas que sólo pensaban en cómo llenarse los bolsillos a costa de los demás.
Suspiró y observó a Hanji justo a su lado. Estaba descalza y tenía el pelo tan revuelto como siempre. El saco que le había prestado hacía ya un rato le cubría los hombros, y el peinado pulcro y prolijo que las chicas le habían hecho había quedado ya en el olvido. Ahora se la veía mucho más cómoda, mucho más como ella misma.
-Te apuesto una copa de champaña a que ese tipo de allí está usando peluquín. - le dijo al oído, señalando a un hombre de mediana edad que intentaba en vano coquetear con una joven.
Levi reprimió una sonrisa.
-Qué graciosa. - repuso, sarcástico. - No es justo que hagas apuestas que ya sabes que vas a ganar.
Hanji le sacó la lengua.
-Ganar haciendo trampa igual es ganar. - se jactó. Levi se limitó a rodar los ojos en respuesta.
-Entonces te apuesto dos copas a que, si ese hombre de allá se pone tus tacones, seguro lo confundimos con un titán. - murmuró.
Hanji se rascó la cabeza, pensativa.
- ¿Te refieres a ese que está viniendo hacia nosotros? - preguntó. Levi tragó saliva, inmóvil. Sí, justo ese; el mismo que estaba ahora sonriéndole a su compañera desde el otro extremo del salón. De pronto, un hormigueo extraño e incómodo le anudaba punzante el estómago.
- ¿Me permites esta pieza, preciosa? - lo oyó hablando por encima de la orquesta en cuanto se plantó frente a ellos. ¿Preciosa? ¿Qué clase de imbécil se creía que era? Sentía náuseas.
Miró de reojo a Hanji, deseando con todas sus fuerzas que no aceptara. Ella, sin embargo, tomó la mano que el muy infeliz acababa de tenderle y le devolvió la sonrisa.
-Encantada. – respondió, alejándose con él hacia la pista de baile. Levi tuvo la impresión de que su corazón iba a explotar sin previo aviso dentro de su pecho, de que el ardor que poco a poco se expandía por su cuerpo iba a consumirlo entero. ¿Qué mierda le había visto Hanji de todos modos? Lo único que tenía a favor era su estúpida altura.
Se cruzó de brazos e intentó fingir que no le importaba, que presenciar cómo otro la tocaba no lo hacía sentirse enfermo. Que escuchar la risa estridente de Hanji reverberando contra las paredes no le hacía doler el alma, que el nudo en su garganta no iba a asfixiarlo cada vez que el hombre la hacía girar entre sus brazos. ¿Qué tenía él de especial? No sabía cómo Hanji bebía su té, ni cómo calmarla cuando algo la angustiaba. Tampoco sabía nada sobre sus gustos o intereses, ni sobre cómo comunicarse con ella sin la necesidad de palabras.
Inspiró hondo, armándose de paciencia, y apretó los puños. Quería llevársela de allí, llevársela lejos. Quería ser él quien la hiciera reír igual de alocadamente, con la misma intensidad. Merecía ser él quien la tomara de la mano y la hiciera sonrojarse. Él y nadie más.
-Tch. - resopló entre dientes, con la mandíbula tensa. El bastardo gigante acariciaba la cintura de Hanji al compás de la música, y estaba seguro de que la ira que bullía en su interior iba a hacerlo combustionar, a quemarlo vivo. Ya no podía seguir viéndolos.
Giró sobre sus propios pies para abandonar el salón, echando humo, cuando alguien lo detuvo de pronto.
- ¿Levi? - reconoció la voz a sus espaldas. - ¿A dónde vas?
Él no se dignó a voltearse. Sus pasos lo guiaban en dirección al jardín, fuera de donde la fiesta seguía a todo trapo.
-De regreso al hotel. – contestó, de mala gana. - Y tú te vienes conmigo, cuatro ojos.
Ella, que lo había estado siguiendo, se detuvo en seco, allí donde las compuertas de vidrio dividían el interior del exterior. Afuera, la tibieza de la brisa le acariciaba las mejillas.
- ¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!- protestó.
Levi la fulminó con la mirada.
-Cuchichear e interactuar con marleyenses no era parte del plan. – sentenció. – Pudiste arruinarlo todo, ¿lo sabes?
Hanji casi deja escapar una carcajada, entre sorprendida y aliviada. ¿En serio? ¿Había hecho tanto escándalo sólo por eso? Demonios, Levi era muy ingenuo si por un momento había creído que se tragaría aquella patética excusa. Aún después de tantos años, todavía podía leerlo como a un libro abierto.
-Si querías bailar conmigo sólo debías decírmelo, tonto. - se mofó. Una media sonrisa tiraba de las comisuras de sus labios.
Él se limitó a encogerse de hombros. Ya no tenía sentido tratar de ocultarse; el rosado traicionero que le encendía los pómulos lo delataba de todos modos.
-Supuse que te gustaban más los titanes. – suspiró y, esta vez, Hanji no pudo aguantar la risa.
-Tonto. - repitió bajito. - Ven aquí.
Levi obedeció a regañadientes y caminó tímidamente hasta ella. Su corazón latía más y más acelerado conforme se acercaba; tanto, que por un instante temió que fuera a reventársele justo allí, sin previo aviso. Hanji cambió su peso de una pierna a la otra y rodeó su cuello con los brazos en cuanto estuvieron el uno frente al otro.
-Mucho mejor. - murmuró, pegando su frente a la de Levi. Él, colocó sus manos en el pequeño hueco de su cintura y la atrajo contra su cuerpo un poco más. Sus dedos acariciaban temblorosos la base de su espalda, mientras que los de Hanji jugaban a enredarse en el oscuro de su pelo. Así, enlazados el uno con el otro, estaban tan sólo a un suspiro de distancia. A un milímetro de fundirse en uno solo.
- ¡¿Acaso van a besarse?!- exclamó Sasha, totalmente desconcertada. Connie le tapó la boca.
- ¡Guarda silencio o nos descubrirán! - la reprendió. El resto de los chicos tuvo que estar de acuerdo. Se habían escondido detrás de una columna, justo antes de llegar a las puertas de vidrio que daban al jardín. A estas alturas de la partida, cualquier sonido imprudente podía arruinárselos todo.
Un poco más lejos, Hanji y Levi se mecían al compás de la música que llegaba desde el salón principal, completamente abstraídos del resto del mundo. La luz tenue de la luna los envolvía en un místico halo azulado, creando un precioso juego de contrastes en el que las figuras de los dos podían casi mimetizarse con el infinito del cielo estrellado.
-Eres una pésima bailarina, cuatro ojos. - balbuceó Levi, notoriamente nervioso. Su voz grave se entremezclaba con la dulce melodía de los violines en el fondo.
Hanji asintió con la cabeza. Hubiese querido contarle que el hombre de altura extravagante le había confesado la verdad respecto del plan de los chicos, que ahora sabía que no había sido más que una travesura. Sin embargo, por esta vez, prefirió guardar silencio. Esa podía ser una historia para otro día.
-Tú también lo eres, Ackerman. - sonrió. Un escalofrío le erizaba la piel.
Desde su escondite, la tropa ciento cuatro observaba emocionada, aguantándose las ganas de gritarlo a todo pulmón. ¿Hanji-san y el capitán Levi? Ahora ya no cabían dudas.
“Misión cumplida.”, pensó Armin, cruzándose de brazos con suficiencia. Quizás, la loca idea de sus amigos no había estado tan errada después de todo.














