Hoy lo vi, sabía que algo pasaría ésta tarde, pero, no imaginé que tuviese que ver él con mi presentimiento. Sí, hoy lo vi y no se veía sexy, no me atrajo nada como solía hacerlo; ¿a caso ya lo había superado?, la respuesta es no, no lo había superado. Había ocurrido algo en su vida que de cierto modo influía en la mía, ya es alguien que “no está en el mercado”, al saber eso me dispuse a darlo por superado.
Cuánto tiempo había pasado sin verlo y al verlo darme cuenta que no era más que un montón de células que en su momento junto a las mías hacían estremecer nuestro universo, un universo que formábamos con solo mirarnos, ese universo al que las personas que se entienden perfectamente forman en un segundo.
De repente entendí qué era estar fuera del alcance de la gente a quienes les atraemos. Siempre miré desde otro ángulo esa barrera y a mi conveniencia me convencía cuándo estar en lo correcto.
Espero que él haya entendido al fin lo que es respetar a alguien, lo bonito que se siente saber que no tienes culpa alguna de lo que se te puede acusar en algún momento. Lo que aprendimos en seis meses lo ha aplicado, lo que más recuerdo de todo es su mirada penetrante, sus abrazos y su sonrisa, aún en esos encuentros furtivos que tuvimos, donde me demostraba que seguía sintiendo algo por mi.
Ahora yo me encuentro en otra encrucijada en la cual estoy feliz de estar. Espero que sea feliz, encontrarlo algún día y decirle al despedirnos lo que sentí al verlo hoy andar en su automóvil rojo: