No tienes derecho a opinar sobre un cuerpo que no es tuyo. No te pertenece. No sabes cuánto le cuesta a cada persona aceptarse con todo.
A. Werther

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No tienes derecho a opinar sobre un cuerpo que no es tuyo. No te pertenece. No sabes cuánto le cuesta a cada persona aceptarse con todo.
A. Werther
«Huir tiene su arte», me lo dijiste el día antes de todo, que era como la magia: abres los ojos y buscas el truco detrás de la ilusión, pero nunca descifras su por qué, ni su cómo.
Así pasó contigo: desperté y el vacío descansaba a mi lado. Siempre te gustó ser impredecible y a mí, siempre me gustó el misterio.
Ni siquiera te tomaste un minuto para mirar sobre tu hombro y tomar consciencia de lo que atrás dejabas, de la vida que te llevabas.
Porque…
Te llevaste mi oxígeno (no puedo respirar). Te llevaste mis latidos (no puedo sanar). Te llevaste mi alivio (devolviéndome mi caos natural). ¡Incluso, mis palabras (ahora no puedo hablar); mi cerebro (ni pensar); hasta mi poesía…!
Te fuiste, inspiración mía.
Ahora que la luz se ha deslizado por mis ventanas, me doy cuenta de que nunca te conocí de verdad o, de lo contrario, hubiera apagado el fuego antes de jugar; hubiera presagiado la tragedia antes de ver las señales de peligro; hubiera salido corriendo contigo cuando dejaste encendida la dinamita.
¿Lo ves? A pesar del daño que me causaste, aún quiero estar contigo. Aún espero tu regreso.
—Dark prince. —A. Werther.
Colaboración: @heartmondox
Hay cosas por hacer
Existen deseos constantes que no dejan de rondar en mis visiones: reducir el espacio entre nosotros. Trazar un mapa que una tus centímetros y los míos. Llenarme de tus latidos cada mañana mientras mis ojos adoran los tuyos. Desaparecer tus miedos en mis brazos. Crearme excusas absurdas para decirte que te amo y que verte sonrojado me recuerda al atardecer. Besarte cada vez que escuchemos a las aves cantar. Fabricar sueños mientras contamos nuestros lunares. Poner de fondo las canciones que nos dedicamos y confesarnos en susurros solo lo que los amantes se atreven a decir cuando no podamos dormir. Decirte, que volvería a cantarte al oído una vez tras otra hasta que de repente el sonido nos acercara y este falleciera en tu boca. Quisiera que volvieras a hablarme de la infinitud del universo y que volvieras a repetirme otra vez que tu mamá te enseñó a contemplar aquello que amas, que por eso me contemplas a mi. Retroceder de nuevo, a esa noche de diciembre, donde nos dijimos "te amo" por primera vez, que me viste dormir tras una pantalla y en vez de querer colgar quisiste aprenderte mis suspiros de memoria. Porque nuestros cuerpos encajaron perfectamente toda la vida, y en el fondo eso no suena a tanta locura ni a tanta tontería. Adoro cuando sonríes, cuando me tocas la guitarra, cuando ves conmigo mis películas favoritas o nos contemplamos sin decir nada. Llegará el día, en el que mi cama huela a ti, mi armario tendrá más ropa porque estarán tus sudaderas también, y quizás llegue una Navidad donde nos levanten dos niños pequeños llenos de emoción diciendo "Papá, papá, que han venido los reyes magos". Quizá podamos recorrer cada rincón de Europa y en cada parada escribir un nuevo poema y que tu risa lo termine. Y cuando terminemos de conocer cada rincón, aterrizar en Tokio para ver cómo tu alma de niño se emociona por ver las flores de cerezo mientras en mi mente tatúo ese instante. Que me muestres cada lugar en donde se grabó tus series favoritas y no sueltes mi mano hasta que la madrugada nos reciba con su manto. Coquetearnos con la mirada en el metro y que no sea secreto para nadie. Enfermarnos de deseo puro e insaciable cuando las luces nos digan adiós. Que nuestras almas bailen al compás de una canción que solo ellas conocen y que nos amemos con el doble de fuerza que con lo que la hicimos el día anterior. Besayúname, sigamos juntos la dieta de los caníbales. Escribe con besos, el mejor de tus poemas en mi espalda, y vete formando un caminito de besos e indirectas desde donde desees hasta el comienzo de mi boca. Mírame a los ojos, y dime qué no soy la única que te quiere comer a besos, a versos. Mírame a las pupilas de cristal, húrgame el alma y acomódate para quedarte una noche más. Mírame, pero mírame como la mejor obra de arte. Presúmeme y grítale al universo: "Ella, ella es la mujer a la que amo, ella es mi futura esposa." Llegará un momento en el que las zonas horarias dejen de ser, que las habitaciones, las camas dejen de ser dos. Cuando sea solo una la cama donde descansar, las luces apagaré para por tus ojos dejarme iluminar, y entonces solo entonces, proclamarme tuya, a este amor nuestro, otra eternidad más.
- A. Werther
- María I
¡Sonríe, cariño! Nunca se sabe cuándo te convertirás en inspiración de perdidos.
—Fuchsteufelswild
No te mereces a alguien como él. Te mereces a alguien que te escuche y que no te grite.
A. Werther
Este cansancio emocional no se quita ni durmiendo por horas.
A. Werther
Estoy cansada de esto. De tener que enfrascarme en una nueva personalidad cada vez que las llamas evaporan el cielo.
A. Werther