“Me acordaré y nunca me he de olvidar de Apolo, el que hiere de lejos, a quien temen los mismos dioses cuando anda por la morada de Zeus. El padre, acogiendo a su hijo amado, le da néctar en áurea copa; se sientan enseguida los demás númenes, y alégrase la veneranda Leto por haber dado a luz un hijo que lleva arco y es vigoroso”. - Himno homérico a Apolo.
Apolo, el que hiere de lejos: Primera parte
Zeus es un dios que se ha enamorado de diosas, ninfas y mortales por igual; por ello su descendencia es muy numerosa. Unas de las deidades que enamoraron a Zeus con su belleza fueron Leto y Asteria, hija de los titanes Febo y Ceo. Ambas representaban la negritud de la noche, el resplandor de las estrellas y la luz del día.
El Crónida había intentado violar a Asteria, pero esta escapó transformándose en codorniz y arrojándose al mar. Del lugar donde cayó nació una pequeña isla, llamada Ortigia.
Como Zeus no pudo poseer a Asteria, buscó a Leto y yació con ella, dejándola embarazada. La celosa esposa de Zeus, la diosa Hera, supo del engaño de su celestial esposo. Constantemente Hera tenía que lidiar con las noticias de las aventuras de Zeus y sus muchos hijos bastardos; en algunas ocasiones trataba de ignorarlo, a sabiendas de que no podía cobrar venganza. Pero cuando en ella estaba la manera de desquitarse, lo hacía. Precisamente Leto era una deidades joven y solitaria, y estaba embarazada, por lo que Hera quiso molestarla y le pareció que sería una tarea fácil. Mandó a su hija Ilitia, protectora de los partos, para evitar que Leto pudiera llegar a un lugar seguro para dar a luz. Pero la isla Ortigia, nacida de su hermana Asteria, la acogió.
En Ortigia, Leto dio a luz a dos hijos, mellizos, de una belleza y fortaleza deiforme; los hermanos mellizos Artemisa y Apolo. Primero nació la niña, cuatro días después nació el niño. Aunque su alumbramiento ocurrió sin contratiempos, pese a que Apolo nació dos meses antes de lo previsto, Hera supo que Leto y sus hijos estaban a salvo. Llena de Ira, solicitó el apoyo de Gea, diosa primordial de la Tierra. Gea llamó a un horrible monstruo que protegía su templo en la isla de Delfos, Pitón, y le ordenó matar a Leto y a sus hijos.
Apolo y su hermana Artemisa fueron alimentados con néctar y ambrosía. Como hijos de Zeus, eran poseedores de descomunal fuerza y magníficos talentos. Apolo, al cuarto día de nacido, solicitó a Hefesto un arco, flechas y espada para asesinar a Pitón y proteger a su madre. De igual forma Artemisa también estaba dispuesta a deshacerse del monstruo. Ambos abandonaron Delos, el nuevo nombre de las isla Ortigia.
Ambos viajaron al monte Parnaso, allí encontraron a Pitón resguardando el templo de Gea. Apolo lanzó sus mortíferas flechas dándole así muerte al monstruo. Accedió al sagrado templo de la Madre Tierra y reclamó la edificación y todo lo que había dentro para sí.
Gea no dio crédito a lo sucedido; su templo había sido tomado por un bastardo de Zeus, y su hijo Pitón, a quien engendró del barro que quedaba del diluvio, estaba muerto. Exigió al Crónida Zeus justicia, este obedeció. El que amontona las nubes reconoció la fuerza y divinidad de Apolo, pero debía castigarlo por sus actos contra Gea. Le ordenó purificarse y presidir los juegos píticos, competiciones deportivas y artísticas en honor a Pitón. Apolo obedeció sin renegar...
Imagen: “Apolo asesinando a la serpiente Pitón” (1885) por Gustave Moreau.
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