Las tres cuartas partes de Grecia son montañosas y sólo una quinta parte de su territorio es apta para la agricultura, pero las llanuras costeras y ciertas áreas del interior son muy ricas: como bien sabía Homero, hay en Creta lugares cuya riqueza parece increíble. Es cierto que el olivo y la vid se han cultivado durante larguísimos períodos, pero también es verdad que no siempre, ni en todas partes. Conocí yo a un griego, criado en este siglo en una aldea de la montaña, que hasta los doce años no había visto una aceituna (ni un pescado, ni una naranja). Los colonos de Sicilia tardaron cierto tiempo en aclimatar el olivo; durante varias generaciones tuvieron que importar el aceite a su isla. Se ha dicho que los griegos se establecieron en todo el territorio donde crece el olivo y que los romanos llegaron hasta los límites de la vid. Esto es cierto en líneas generales, pero no hay que olvidar que incluso la misma Grecia continental no llegó a ser colonizada del todo. Los campos de trigo de Grecia continental no fueron nunca demasiado extensos; así, no debe extrañar que sus habitantes no cesaran de moverse entre las peñas y de pelearse por las escasas riquezas que ofrecía el país.













