Fernando Higueras
seen from Austria
seen from United States
seen from China
seen from United States
seen from United States
seen from India

seen from Bulgaria
seen from United States
seen from United States
seen from Canada

seen from United States
seen from United States
seen from Brazil
seen from China

seen from India
seen from United States
seen from United Kingdom

seen from United States

seen from United States
seen from United States
Fernando Higueras
1967
Higueras
Campanadas por él
¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de ritmo y de manera? ¿O ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras?
Creía que hay que defenderse de las trampas de la codicia, sin bajar jamás la guardia. Cuando era presidente del Banco Nacional de Cuba, firmaba "Che" los billetes, para burlarse del dinero. Por amor a la gente, despreciaba las cosas. Enfermo está el mundo, creía, donde tener y ser significan lo mismo. No guardó nunca nada para sí, ni pidió nada nunca.
Vivir es darse, creía; y se dio.
GALEANO, Eduardo. Memoria de fuego III. El siglo del viento. Madrid, España 1986. Siglo XXI editores. Pág.238
Octubre 8 y 9
1967
Quebrada del Yuro
La caída del Che
La metralla le rompe las piernas. Sentado, sigue peleando, hasta que le vuelan el fusil de las manos.
Los soldados disputan a manotazos el reloj, la cantimplora, el cinturón, la pipa. Varios oficiales lo interrogan, uno tras otro. El Che calla y mana sangre. El contralmirante Ugarteche, osado lobo de tierra, jefe de la Marina de un país sin mar, lo insulta y lo amenaza. El Che le escupe la cara.
Desde La Paz, llega la orden de liquidar al prisionero. Una ráfaga lo acribilla. El Che muere de bala, muere a traición, poco antes de cumplir cuarenta años, exactamente a la misma edad a la que murieron, también de bala, también a traición, Zapata y Sandino.
En el pueblo de Higueras, el general Barrientos exhibe su trofeo a los periodistas. El Che yace sobre una pileta de lavar ropa.
Después de las balas, lo acribillan los flashes. Esta última cara tiene ojos que acusan y una sonrisa melancólica.
GALEANO, Eduardo. Memoria de fuego III. El siglo del viento. Madrid, España 1986. Siglo XXI editores. Págs 237-238
Fernando Higueras
Fernando Higueras
Fernando Higueras
Fernando Higueras
Fernando Higueras