umi no solía aceptar invitaciones a lugares muy concurridos, pero tampoco quería estar sola aquella noche, así que por eso siguió hasta aquel lugar a su compañera en la cafetería, y se sorprendió gratamente al ver que aquella era una reunión lo suficientemente tranquila como para escabullirse de un lado a otro y pasar un rato agradable. ensimismada en la decoración, se ve atrapada cuando siente un par de miradas sobre ella, y confusión se disipa de sus facciones cuando señalan hacia arriba y avellanas se encuentran con el ramito de muérdago adornado con un listón rojo brillante, y a su lado otro de los asistentes al pequeño evento. sonrisa avergonzada se extiende fugazmente en sus comisuras y con nerviosismo alza su mano derecha en un saludo pequeño, casi dudoso, mientras mejillas se teñian, no muy segura de qué debía hacer porque entendía qué significaba de acuerdo a la tradición, ¿pero para ellos?