Dani está mirando la zona de los interrogatorios, aquellas puertas grises que muestran una ventanilla en la cual se podría observar el interior de las recámaras si acaso Dani estuviera de pie y no sentado en el pasillo sobre una de esas molestas sillas de plástico que desprecia pero que ya no le son tan incómodas como antes de la costumbre. Bebe un café con la mano inhábil mientras la otra permanece sobre el muslo y sobre el pantalón deportivo gris que es suave en su tela de algodón. Es un café negro y amargo que no ha cortado ni con leche ni crema, labios enrojecidos por el calor que bebe en silencio. Cierra los ojos un momento quizá por el sueño o tal vez porque está harto de ver las mismas paredes grises y que esta vivencia se repita constantemente desde hace tanto. No tiene nada que decir sobre Jean, ni si quiera la conoce, sólo lamenta de ella no el hecho de morir, que es algo que le pasa a todos, sino lo sucedido con Jack. No se lleva con los Crimson. Con casi nadie, en realidad. Un suspiro hace al cuerpo volver a la vida, Dani estira las piernas agarrotadas y luego las devuelve al ver a un cuerpo aproximándose. —Casi te tiro. —Dice. No fue apropósito.