Notar la presencia de alguien más en la habitación logra que termine de forma abrupta el video que filmaba (o intentaba filmar). Y es eso mismo lo que la lleva a soltar un suspiro frustrado, porque si le avergüenza hacerlo frente a una única otra persona, ¿cómo hará para publicarlo en las redes sociales de su grupo? Baja el libreto que lleva en las manos en un gesto casi rendido, y decide solicitar ayuda: “Hey, ¿tienes ganas de ayudar a un alma en pena?”












