La sensación, particular y rara, de sentir que ya has vivido aquello, no tiene cura y difícilmente pueda entenderla un doctor. Síntomas familiares, de la boca escapa un constante hilo de maldiciones, por la sangre corre el peligro, la idea de quedarse petrificado ante el inminente horror como antítesis y escenario que esquiva. Ya tiene las manos sucias, ya tiene en la pupila incrustada la imagen de un cuerpo inerte cayendo, sombreado por el humo de pólvora que su pulgar ha apretado. Puede hacerlo de nuevo. Samuel quiere hacerlo de nuevo, una parte, muy escondida y mortífera, esperaba aquello, deseaba el crujir de temor, deseaba el aceleramiento del ritmo cardíaco y saber noticias del enigmático, abandonar el hotel, moverse en aquel juego donde las reglas son impuestas por el contrincante, sus movimientos podían ser detallados, precisos, pero no perfectos, todo criminal siempre dejaba una grieta, una rendija por la cual golpear, un espacio vacío. Mochila siendo preparada, piensa en la sed, en el hambre, en la cantidad de balas, piensa en Athenas, viva, muerta. Y lo interrumpe una familiar melodía, se abren los labios para soltar algo, mas deja que sea ella quien llene el aire en prosas. “Brynja…” evoca nombre en el inicio de una oración inconclusa, pues el acercamiento de la menuda anatomía le revoluciona las ideas, la respuesta predecible preparada a arrojarse. Es un cuerpo que se tensa, con pestañeos de quien sabe que ante el contacto las armaduras se desarman. Una respiración detenida, estupor momentáneo, pero es la diestra la que se mueve, entre cabellos y nuca, manteniendo el contacto con mentón apoyado en su coronilla, es efímero. Retroceso, dos pequeños pasos son suficientes para instalar distancias, para que los aromas se divida. “Te prometo que voy a intentar volver, y que si me encuentro con alguno de ellos voy a usar una de esas lindas armas o esos buenos movimientos de pelea que tienes” se permite la burla, lengua golpetea el paladar, actúa, miente, construye el mito de la tranquilidad.
es consciente de no poder salvar a todos, claro que lo es. nunca había tenido complejo de héroe, nunca se había interesado lo suficiente. pero claro, tampoco nunca había estado en una situación tan extrema como la actual. aún así, a pesar de cada vez bajar un poco más a la tierra, de asegurarse que, si tiene suerte, podrá salvarse a sí misma; hay personas a quienes quiere proteger. juno es una de ellas, a pesar de creer en la joven, en su espíritu y fuerza de voluntad; desconfía de lo físico. no es su culpa, claro que no lo es, ya que en absoluto cualquiera debería estar preparado para algo así. es por eso que recurre a samuel, no sólo porque se trate de casi el único en ese pequeño grupo que sabe lo que está haciendo, sino porque confía en él. confianza que transmite cuando sus brazos rodean el cuello masculino, cuando sus ojos se cierran apenas por unos instantes, aquellos momentos en los que el abrazo se extiende y siente sus dígitos contra su cabello, su nuca. sorprende la reciprocidad de la acción, pero la agradece; a pesar de lo inmediato. es cuando se separan, cuando el fantasma del calor ajeno se hace presente, que la noruega abre los ojos una vez más, que sus esmeraldas buscan la mirada masculina. lo escucha, lo escucha y se atreve a sonreír, porque sabe lo que está haciendo. porque no importa cuán mal tipo quiera creer que es, ella está segura de que simplemente no es así. “incluso ahora encuentras la manera de burlarte de mí.” puño impacta contra el pecho contrario, un golpe que no emplea fuerza en absoluto. sabe que puede cuidarse, está segura de ello, entonces, ¿por qué esa amarga sensación en el estómago? “como sea, ¿tienes todo lo que necesitas?” parpadea repetidas veces, dígitos viajan a las castañas hebras para acomodar un par de mechones detrás de su oreja. mirada que pierde el contacto y revolotea en los alrededores, negada a tornar el momento algo incómodo o sentimental; que en absoluto concordaba con la relación que ambos llevaban. ya había cruzado aquella línea de lo usual al atreverse a abrazarlo, pero en absoluto se arrepentía.