Era una mezcla de sentimientos la que peleaba en su interior. Por un lado no le molestaba el haber perdido su lugar en el Torneo de Duelo, pero por otro sí lo hacía. Si no sabía defenderse, ¿qué sucedería con ella? Glenda trataba de no pensar en ello, pero la cantidad de noticias que se veían en El Profeta y se conversaban entre sus compañeros afectaban su ánimo. De igual manera, no se dejaba vencer por los malos pensamientos, y mantenía su sonrisa tan grande como era posible.
Aquella nublada tarde salió de Transformaciones hablando con una de sus amigas, la cual partió hacia la biblioteca para leer un tomo del cual debía hacer un ensayo. Glenda estaba dispuesta a caminar hacia su sala común cuando su mirada se fijó en Ivan Davies, haciéndole recordar la pelea que habían sostenido en el tren de regreso a Hogwarts. Su ceño se frunció al notar como el rubio continuaba sin extenderle una disculpa o si quiera hablarle. Por su mente pasó que era demasiado orgulloso, o tal vez, como lo temía, no le importaba. Era extraño que a él le importara algo, y seguramente una rubia tan distinta a él le resultaba indiferente; algo que aumentaba su furia, pues creía que eran amigos. Fulminó con la mirada la silueta del chico, refunfuñando por lo bajo: — Tonto —la ira en su voz fue audible para quienes estaban cerca, seguramente. Se giró y golpeó a alguien sin querer, chocando su cuerpo contra el de otro—. ¡Perdón! —Soltó apenada hacia la otra persona, sin haber notado que pasaba por ahí.