Homonauta
Fue por aquellos días cuando aquél hombre pisó por primera vez ese terreno arenoso que fue su alma. Era en esa etapa vaga de la vida, en que muy conscientemente, vivía soñando y siempre el presente lo envolvía en una inocente pesadilla. Andaba como si el viento lo impulsara a huir de las ambulancias entre sus persecuciones imaginarias, cuando oía en el silencio, el cómo se acercaban las sirenas de las patrullas. A veces no lo consiguió, y con los nervios destrozados, vio amaneceres que no tenían ninguna expectativa ante el infortunio. Con los asuntos de dinero tampoco le fue mejor, lo que llegaba era como un árbol frondoso en una primavera que se secaba, a veces con una velocidad tan vertiginosa, que parecía casi morir en el invierno entre muchas cenizas de cigarros; perdió su orgullo y la mayoría de los valores que relucen los hombres muy modernos. Sino hubiera sido por quienes lo amaron quizás tampoco hubieran regresado los fragmentos de aquél homonauta que se enloquecía ante sus viajes en la Luna. Posiblemente sin todos los rostros que lo conocieron o conoció, algunos un tanto fríos y otros un poco serenos por su lejanía, su existencia incoherente, sería un monólogo monótono y triste. Supongo que esa fue la primera parte, esa etapa vaga en que todo lo construido tiene un titilante tono gris. Sin embargo, nunca la vida había sido tomada con tanta extrañeza para ese hombre que viaja al centro de su alma desde que era niño y que creía la dulce mentira sobre el poder de doblar cucharas con la mente. Pero con los cambios del diario, duda con mucha certidumbre que allí, dentro de sí, habrá algún paraíso o confort, pues entre la mezcla de tres tictacs sonoros, que se replican con bastante calma, se arrulla entre un poco de pánico y miedo al recordar que, lo quiera o no, el tiempo se estira y se contrae... Él... un Homonauta entre la incertidumbre de su tiempo-espacio. Harby Trujillo.













