COMBATAMOS LA VERGÜENZA
La vergüenza puede re-frenarnos, oprimirnos y mantenernos mirándonos los pies.
Cuidado con la vergüenza.
Muchos sistemas y muchas personas destilan vergüenza, pues ellos a su vez son controlados por la vergüenza y pueden querer que nosotros les hagamos el juego. Pueden tener la esperanza de engancharnos y controlarnos por medio de la vergüenza. No tenemos por qué caer en SU vergüenza; en vez de ello, tomaremos los sentimientos agradables: AUTO ACEPTACIÓN, AMOR y SOLICITUD.
Las conductas compulsivas:
las conductas sexualmente adictivas, el comer en exceso, el abuso de sustancias químicas y la conducta adictiva de apostar, son conductas que llevan de una manera u otra a la vergüenza; si participamos en ellas, nos sentiremos avergonzados. ¡Es inevitable!
Necesitamos vigilar las conductas
adictivas y otras conductas
compulsivas porque nos sumergen
en la vergüenza
En ocasiones nuestro PASADO, y algunas creencias pueden tratar de avergonzarnos. Esto puede suceder cuando estemos completamente solos, al ir caminado por el supermercado o cuando estemos viviendo nuestra vida calladamente:
”No pienses así”
”No sientas éso”
”No cambies ni crezcas”
”No vivas así la vida”
”¡Te debería dar vergüenza...!”
Etc.
Acabemos ya con la vergüenza. Neutralicémosla. Aprendamos a re-conocerla y a evitarla como a una plaga.
”Hoy rehusaré deliberadamente
quedar atrapado en la vergüenza que
va flotando por el mundo. Si no
puedo resistirla, la sentiré, la
aceptaré y luego la desecharé tan
pronto como sea posible. Tendré
presente que está bien que me ame a
mí mismo y que rehúse someterme a
la vergüenza. Si me salgo de mi
curso, aprenderé a cambiar la
vergüenza por sentimientos de culpa,
pues en la culpa puedo IDENTIFICAR
y REPARAR, CORREGIR MI
CONDUCTA y SEGUIR ADELANTE
CON MI VIDA, en un estado
inmediato de amor propio”.
Cada vez que pensamos que nos falta “algo”, que así como somos no estamos “bien”, estamos en la vergüenza.
Hay que trabajar mucho para estar en paz con quiénes somos. Tal vez de pequeños nuestros padres, los maestros, hermanos, amigos, familiares, etc. nos miraron de ésa manera reprobatoria que genera vergüenza; tal vez nos compararon, nos dijeron que éramos inútiles, flojos, feos, demasiado altos, o demasiado chaparros, gordos, o que nuestro color de piel “no estaba bien”, o que ser hijo de “X” era lo peor que nos podía haber pasado, ó que vivir en donde vivíamos, vestir cómo vestíamos, hablar como hablábamos, la escuela donde estudiábamos era “de dar vergüenza”... es difícil no creerle a las figuras de autoridad, a nuestras personas importantes, así que, crecimos pensando que éramos todo éso, y todo éso estaba “mal”.
Buscamos sentirnos mejor y sobrevivir anestesiando ésa sensación de ser inadecuados, obsesionados con la belleza, el cuerpo, la ropa, la comida, las drogas, el alcohol, el trabajo... tratando de ser menos ¿imperfectos?...
... amémonos, RE-CONOZCAMOS nuestra ¿”imperfección”? ó mejor dicho NUESTRA HUMANIDAD; seamos amables y amorosos con nosotros mismos.
La vergüenza endurece, es sobre-exigente, IMPIDE AMAR, establecer relaciones, re-unirnos con nuestros amigos, hasta ¡sacarnos fotos!, porque detrás de la vergüenza está el anhelo de perfección, está ése G R A N ego construido por años.
... y, quizá también, lo duro y exigente que somos con nosotros mismos, estemos siendo con los demás... quizá sólo queremos relacionarnos o estar con el otro cuando “estamos bien”...
Pensémoslo... re-flexionémoslo... no permitamos que la vergüenza nos convierta en sus siervos.
Agradezcamos y honremos ser quienes somos.













