Dejamos la costa para conocer el callejón de Huaylas, una zona rodeada por la cordillera blanca y la cordillera negra. Sin parar a preguntar seguimos lo que decía el GPS y nos encontramos con un camino de montaña que si bien era pavimentado no cabía más de un auto de lo angosto que era. Prácticamente no había transito y las vistas eran espectaculares!
Fuimos subiendo hasta pasar los 4000 m.s.n.m. pasando por pequeños caseríos agricultores. Si bien la distancia no era larga la velocidad no pasaba los 40km/h con lo cual no alcanzo el día para llegar a destino. Además consumimos la nafta de un tanque y el otro tiene la bomba un poco perezosa, no quiso seguir y nos hizo pasar una noche en medio de la montaña, un lugar hermoso. Al otro día seguimos viaje pero nos encontramos con que la única estación de servicio en el camino era una pequeña casita con dos surtidores y unos precios altísimos (no es gratis que el camión llegue hasta ahí, no?). Con lo que traíamos de efectivo no alcanzaba para llegar y obviamente tarjeta no aceptaban, así que con nuestra mejor cara preguntamos si no querían alguna artesanía a cambio de gasolina, sacamos las cosas y todo el pueblo se acerco a curiosear! Fue increíble, en un ratito completamos lo que faltaba y seguimos viaje. Después de subir y subir apareció al fin la bella cordillera blanca con sus más de 30 picos nevados que pasan los 6000 m.s.n.m.
Llegamos a Caraz, nuestro primer destino de la región, conocido por sus dulces y helados artesanales. La sierra peruana no tiene mucho que ver con la costa. Acá encontramos muchas comunidades indígenas que conservan su lengua y ropa tradicional. La comida varia mucho, cambia el ceviche y los mariscos por cuis y cordero. El pueblo es muy pintoresco, cuando las nubes lo permiten se asoman los hermosos glaciares. La gente es súper amable y la plaza de armas (como se llaman en Perú todas las plazas principales) esta muy bien cuidada, llena de flores. Ahí nos estacionamos y pudimos vender nuestras artesanías.
Para no forzar la bondiola nos fuimos en colectivo a conocer la laguna de Paron, un lugar increíble! A más de 4000 m.s.n.m encontramos agua turquesa rodeada de glaciares, esos paisajes que nos dejan sin palabras.
Conocimos también Tumshukaiko, un sitio arqueológico que por falta de presupuesto no esta muy desarrollado, donde pudimos aprender un poco de la historia inca.
Seguimos rumbo a Yungay, una ciudad que fue completamente destruida en los años 70 por un alud precedido por un terremoto. Paramos en el camposanto, el sitio donde estaba la antigua ciudad, que aun conserva parte de la catedral y un autobús destruido por el terremoto.
Paramos a dar un paseo por Carhuaz, otro pueblo del callejón que al igual que los demás tiene una hermosa plaza de armas y exquisitos helados! Seguimos hasta las aguas termales Chanco, que si bien no eran especialmente lindas estaban ubicadas al lado del río, un sitio muy tranquilo para pasar la noche y disfrutar la naturaleza.
En todo el camino se pueden ver los picos nevados, al menos en esta época del año. Según nos cuentan los lugareños la cordillera era mucho mas blanca, pero el famoso calentamiento global la esta afectando igual que al resto del mundo.
Por ultimo llegamos a Huaraz, la ciudad principal y capital de Ancash. Nosotros somos más partidarios de pueblos que de ciudades pero lamentablemente no hay mucha movilidad para llegar a las lagunas desde otros sitios y los caminos no son muy buenos para la bondiola. Así que decidimos hacernos turistas por un día y fuimos a conocer la Laguna 69 en un tour que incluía 3 horas de caminata en subida para llegar a este imponente lugar!
Conocimos ahí a unos viajeros motorizados muy copados con los que compartimos las tardes huarasinas llenas de anécdotas de viaje.