#LunesDeLunaticas y el Humor #Mexicano
Hoy en lunes de lunáticas tenía que escribir de dos incidentes, la denuncia de la cantante Sasha Sokol, por el pedófilo del televiso Luis de Llano. Y en el mismo tono la aceptación de una violación por el agresor “el tío Rober” Y el “el cojo feliz” en el podcast la hora feliz (actualmente suspendido gracias a las miles feministas sororas y victimas que lo denunciaron). El episodio No.28 se ríen de la violación cometida por el Tío Rober, y de alguna forma hablan de un “espacio abierto para la misoginia”. La comediante y creadora de contenido “Citya Hijar” así como otros instagramers fueron contactados por “el cojo feliz” con el objetivo de explicarse y que “no sacaran de contexto” el episodio.
Esto derivó en una ola de ataques en contra de quienes sostienen que “hablar de violación y misoginia como algo normal no es nada aceptable ni bueno”, también abrió la puerta para exhibir a la comedia mexicana y a la televisión mexicana, como espacios seguros para agresores, en el que varias víctimas levantaron la voz.
Como mujer, como migranta y como mexicana entiendo que el contexto cultural en México y Latinoamérica permite reírse de las desgracias. Yo me encontré sorprendida cuando hace tiempo mi pareja no quiso tener relaciones conmigo, yo en un excesivo estado de ebriedad. Esto habla de una normalización de la violencia completamente internalizado. Entre otras cosas que como víctima aun no estoy lista para denunciar de forma publica, pero que si me han ganado que “amigas y amigos” decidieran alejarse y defender a los agresores.
Conozco el tipo de escuela del “humor negro” que permite normalizar atrocidades que han sido generadas por el estado e internalizadas por el sistema social. Desde burlarse de la vulnerabilidad de las personas en situación de movilidad, pasando por señalar la falta de poder adquisitivo en la compra de boletos para ir ver un show de stand-up en Guadalajara, hasta minimizar y normalizar una violación. Así se abandera el “humor” latino, con racismo, aporofobia, misoginia, clasismo y constante violencia.
Es muy triste aceptarlo y difícil de notar como normalizamos la violencia. Ante la impotencia de saber que el entorno social no va a cambiar de forma drástica e inmediata. Preferimos renunciar a la defensa del acceso una seguridad humana, activamos como mecanismo de protección el humor. Internalizar frases como “es mejor reír que llorar” deberían de ser cambiadas a es mejor “luchar que normalizar”.
Lo que como sociedad nos toca, sería un mínimo de empatía y creerles a las víctimas, no castigarlas. Estaría mejor que pudiésemos exhibir este tipo de delitos y dejar de consumir esos contenidos. Al menos analizar ¿de qué nos estamos riendo? Porque, así como decimos “Entro por su propio pie, desde ahí ya te perdono” así, es como miles de personas dejan de denunciar delitos. Así es como nos conformamos con que la la autoridad dejé de hacer su trabajo y minimicé crimines, preferimos revictimizar a las víctimas y reinos.
Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2021, de 351 mil delitos, 18 mil no son investigados por una actitud hostil de la autoridad y 334 mil, no son ni siquiera denunciados.
Con esa misma actitud de “ay no pasa nada”, “para que lo haces mas grande” es como la Fiscalía de Ciudad Juárez en Chihuahua en 1998 y 2001 les dijo a las madres de las víctimas de Campo algodonero, Laura Berenice Ramos, Claudia Ivette González, y Esmeralda Herrera que no podía salir a buscar a sus hijas porque seguramente se habían ido con el novio a alguna amiga.
Así es como hoy Minerva Calderón, hace 5 años fue asesinada con 71 puñaladas por Rodrigo Vázquez Barrientos y la Fiscalía del estado de Puebla no hizo nada y sigue sin hacer nada.
Ese tipo de actitud que normaliza la violencia en todos sus sentidos es la misma actitud que nos hace internalizar violaciones. Cohabitando en una población histórica y sistemáticamente vulnerada, ni siquiera pensamos tantito ¿por qué me estoy riendo de eso? De forma estructural podridos y anestesiados con un “humor negro” en el que, así como nos reímos de la evasión de impuestos, también candidateamos y votamos por violadores. Así como idealizamos a un cocainómano golpeador de mujeres como Maradona o manzanero, también no queremos ni podemos aceptar que nuestro “amigo”, “copa”, “bro”, “hermano”, “primo”, “abuelo” sea un agresor.