La presencia del joven es sólo un motivo más para la tensión de la que se ve prisionera, pues el mismo forma parte de la noche que ha conseguido darle a su vida un giro de ciento ochenta grados. Y lo intenta, con determinación se esfuerza por luchar en contra de la ansiedad que carcome de a poco sus entrañas, pero la misma bestia tiene afilados colmillos y sus defensas se ven escasas, debilitadas. Letha sólo se encoge de hombros, gesto lánguido que va acorde al tono de su voz al decir, ❛ Sí, sólo--- cansada. No dormí mucho anoche. ❜ Su mirada evade la ajena, víctima de la vergüenza que le provoca recordar la última ocasión en la que intercambiaron palabras.