A veces pensé que era especial
A veces la vida te pone personas que brillan bonito… pero solo de lejos. Te acercas y la luz no es para ti, es un reflejo que le dan a todo el mundo igual.
Un día te dicen “baby”, otro día “querida”, otro día “estimada”. “pequeña”. Y una parte de ti se rompe en silencio, porque entiendes que no eres excepción, solo eres una palabra más en su catálogo de cariños automáticos.
Y aun así, te quedas. Porque había algo en sus mensajes —aunque fueran cada tres días— que te hacía sentir que quizá sí, quizá había un espacio pequeño reservado para ti.
Pero el tiempo, que siempre es sabio y cruel, te mostró la verdad sin maquillaje: el interés no se esconde, la intención no desaparece, y quien quiere estar contigo, está. Sin excusas, sin “me embolaté”, sin silencios raros.
Y ahí, justo ahí, entendí que yo merezco constancia. Que no soy un saludo de domingo ni un “cómo estás” reciclado. Que no voy a competir con las amigas, las hermanitas, las conocidas, ni con ese ritmo de vida que siempre lo deja sin tiempo… menos para mí.
Yo quería conocerlo de verdad. Apoyarlo. Hablarle de mis días bobos y mis noches pesadas. Ser alguien con quien pudiera descansar. Pero él prefirió la distancia. Y está bien. De verdad, está bien.
Solo que yo también elijo algo: mi paz.
Así que cierro esta historia sin drama, sin rencor, solo con un suspiro y un “gracias por lo que fue”. No más ilusiones a medias. No más mensajes que llegan tarde. No más cariños que cambian de nombre.
A veces no eres “la especial”. Eres el recordatorio de que debes quererte más.
Y eso también es un final bonito.❤️🩹










