𝗖𝗮𝗽𝗶𝘁𝘂𝗹𝗼 𝟭
1𝘦𝘳𝘢 𝘕𝘰𝘤𝘩𝘦 – 𝘓𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘝𝘢𝘮𝘱𝘪𝘳𝘰𝘴
- Nieve. Nieve blanca… - sobre su guantes grisáceos caían una a una las diminutas bolas de nueve. - ¿Qué es “blanca”? ¿Qué es “nieve”?. Es algo que no es rojo ¿Qué es algo rojo? – su cabello ondeaba abruptamente en aquella fría y feroz noche.
- ¿Estas perdida, niña? – alzó su mirada y frente a ella una figura aparentemente humana, pero con el semblante palpable de peligro posaba de unos pantalones negros y una gabardina que revoloteaba al son del viento - ¿Podría beber tu sangre? - en cuanto terminó aquella oración veía como rápidamente se acercaba a ella. Sus ojos de pronto se volvieron rojos y de su boca se denotaban unos afilados colmillos. Sobre sus manos la presencia de garras le daban la apariencia total de una bestia. Torpemente retrocedió, como si eso fuese a salvarla de aquella persona.
La criatura tomó su cabeza totalmente decidido a devorar cada gota de sangre de su diminuto cuerpo, era su fin, pensó. Temiendo a ver su terrible final cerró sus ojos esperando perecer de aquel desconocido mundo.
- Eres una desgracia para los vampiros – dijo la voz de un aparente adolescente, pues al mirar sus ojos vio en ellos el mismo rojo brillante, pero él tenía algo diferente. Su aura, bueno le daba la confianza que necesitaba - ¿estás bien? – dijo amablemente extendiendo su mano, la cual sin dudar tomó lográndose refugiar en aquel delgado cuerpo que le hizo sentir protegida.
“La academia Cross, una famosa escuela en la que todos sus estudiantes se hospedad en dormitorios”
- ¡Hey, no empujen! – se colocó frente a ellas encarando un semblante lleno de euforia femenina - ¡Bien, bien, para atrás! ¡Ya inicio el toque de queda para los estudiantes de la clase diurna!, regresen a sus dormitorios - Los ruidosos gritos de las chicas de la clase Diurna de nuevo poseían las afueras del dormitorio de la clase Nocturna, sin embargo que diera aquel tipo de instrucciones ponía a las adolescentes molestas, a tal grado que pensaban que quería para si sola a los miembros de la clase nocturna. Lo que ellas no entendían que su deber como guardiana era proteger su bienestar dentro de la academia.
El sonido característico de las puertas al abrirse le hicieron darse cuenta que de nuevo no hizo a tiempo su trabajo. Miró de reojo a los estudiantes, siempre tan elegantes y perfectos a su parecer. Volvió hacia sus compañeras de la clase Diurna esperando ver un desorden total, pero estaba equivocada, todas formaron dos filas para poder admirar a los jóvenes de la clase nocturna. No tuvo otra opción que apartarse
Uno a uno los jóvenes de impecable traje blanco salían uno por uno, los suspiros y gritos más audibles por parte de las féminas del horario matutino se abrían paso entre la muchedumbre de aquella atardecer. Como era de costumbre el primero en salir era Aidou-sempai quien siempre se admiraba por tener a una gran parte de fans, pero en lo único que Yuuki podía pensar o mas bien en lo que sus ojos se encargaban de ver era a una persona de entre tantos, èl, Kuran Kaname, aquella persona que hace diez años atrás en esa noche nevada, cuando sus recuerdos se volvieron borrosos, la salvó de aquel terrible vampiro.
ℙ𝕒𝕣𝕥𝕚𝕔𝕚𝕡𝕖𝕤:
𝖳𝗈𝖽𝗈𝗌 ( 𝖾𝗑𝖼𝖾𝗉𝗍𝗈 𝖧𝗂𝗈𝗎 𝗒 𝖸𝖺𝗀𝖺𝗋𝗂 )
; #aidou_hanabusa.
Aidou Hanabusa, el chico de los cabellos de oro que danzan al compás de sus tenues pasos y poseedor de radiantes ojos celestes. Una y otra vez se recorría con la mirada, procurando que todo aspecto de su persona estuviese en perfectas condiciones para el espectáculo diario que tenía que afrontar.
¡Él era un ídolo! El aclamado chico con cientos de admiradoras que día a día llamaban a su nombre —aunque era más el caso de Kaname—, ¿Qué sería de él sí por algún motivo dejaba de mostrar el lado pulcro y brillante que tanto le encantaba a las pequeñas mujeres de la Clase Diurna? Con una sonrisa espeluznantemente hermosa esperaba impaciente a que los minutos pasaran, deseoso de que la hora en que se abría el gran portón de su dormitorio finalmente llegara.
Un alboroto ya tenía lugar afuera, este sólo alimentaba el característico ego de Aidou e incrementaba sus ansias. Ya era muy natural que su reacción fuese similar mientras se tomaba la molestia de abordar el lugar donde se le permitiera ser el mayor y primer centro de atención.
Cuando el rechinido de la puerta se hizo presente él ya estaba preparado para mostrar su característico y dulce gesto, avanzando pronto en pasos lentos para que sus fanáticas tuviesen el suficiente tiempo de deleitarse con su distinguida "belleza".
— ¡Buenos días, señoritas! Podía escucharlas, ¡Hoy están muy lindas y con mucha energía! — Una sonrisa resplandeciente acompañó tan solo esa oración mientras trascendía entre sus filas, saludando con su brazo de un lado a otro mientras escuchaba a Akatsuki quejarse por su (tal vez) irritante personalidad. — Está bien, Akatsuki. ¡Tú también eres genial! — Y entre tanto, una grandiosa idea surgió de su corazón conquistador.
Asimiló un arma con sus dedos, apuntándola hacia una de las estudiantes y dejando que entre sus labios se formulase un coqueto "¡Bang!", satisfecho al verse perdido entre la multitud de señoritas que deseaban ser disparadas por el arma sublime (e inexistente) del Hanabusa. Y siguió así una, y otra, y otra vez...
— ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang, bang, bang! ~
; #kuran_kaname.
La hora había llegado.
Quizá, entre todos los presentes, el líder de la clase nocturna era quien más ansiaba ese instante. Y una vez las puertas se abrieron, y una Yuuki apesadumbrada y algo torpe se asomó, él no pudo evitar sonreír. No cabía la menor duda, la joven Cross tenía su completo interés. Verla era una dicha, un regocijo absoluto para el vampiro de sangre pura.
Su pretensión absoluta fue Yuuki, dejando todo el trabajo de 'idol' a Aidou; quien realmente gozaba de ese tipo de atenciones. Al verla caer, una sonrisa se dibujó en sus labios, enternecido por lo frágil que la fémina podía llegar a ser cuando se trataba de tratar con sus compañeras. Le aliviaba el hecho de que pudiera llevarse tan bien con los demás. Después de todo, Yuuki siempre había tenido esa personalidad brillante que encantaba a cualquiera.
—Yuuki. —la llamó con voz suave y dulce. Su nombre se merecía ser pronunciado con la mayor delicadeza posible. Ella era su tesoro. Su todo.— ¿Estás bien? —le obsequió una sonrisa mientras le extendía gentilmente la mano. Tal como hubiere hecho diez años atrás. Su expresión tranquila expresaba, de manera sutil, su preocupación y quizá algo más...
Su mano terminó en su hombro, encontrándose sus miradas. Como aquella noche nevada en la que ella sólo tuvo ojos para él.
—Gracias por tu trabajo. —le elogió, agradeciendo todo el esfuerzo que ponía en su labor como vigilante de la academia. Sabía cuánto Yuuki se sacrificaba por mantener el equilibrio, al tiempo que cuidar de sus compañeras. Su pequeña era de admirar. Y aunque, si bien, en ese instante, hubiera querido dedicarle otras palabras, entendía bien la incómoda posición en la que se hallaba. Sin embargo, antes de reaccionar, la menor se levantó de ipso facto, haciendo hincapié en que sólo se trataba de su 'deber como vigilante'. Ante lo cual, le fue imposible dejar a flote sus verdaderos sentimientos en sutiles palabras.
—No seas tan rígida... —pronunció con el mismo tono melifluo mientras se levantaba.— Hace que me sienta solo. —y en su voz, un deje de tristeza y culpabilidad se mezcló. Y pudo notar que tuvo un efecto inquietante en ella, provocando que sintiera deseos de 'consolarla'. Entonces, sus pies se movieron por sí solos en su dirección, queriendo sentir su cercanía... pero las siguientes palabras de la fémina sólo acrecentaron sus deseos internos de arrullarla y tomarla entre sus brazos. Y aunque habían sonado dulces, también fueron 'dolorosas' y 'molestas'.
'No, es que... Usted fue quien salvó mi vida, Kaname-senpai'.
—No te preocupes más por eso. —para cuando se pronunció, su siniestra acariciaba la cabeza de su princesa. Con ternura le habló, como si quisiera hacerle entender cuán importante era en su vida, en su existencia; en todo lo que él era.—Fue hace mucho tiempo... —y su palma descendió por su mejilla, pero antes de continuar, una mano fuerte y firme se asió de su muñeca. Zero, el compañero de vigilancia, había llegado para interrumpir su momento 'íntimo'. Situación que, en ese instante, no ocasionó que se alterara en absoluto.
Su mano fue apartada del hermoso rostro de Yuuki, y entonces, sus miradas se encontraron. Los ojos púrpura del guardián se hicieron contacto con sus ojos claros, pudiendo descifrar la 'molestia' que el joven tenía hacia él por causa de su cercanía con Yuuki.
Entonces, Kaname alejó su mano del agarre de Zero, tomando una actitud aparentemente pasiva y tras un último vistazo, tomó distancia de la pareja.
—Qué miedo... —unos pasos más y añadió:— Señor prefecto. —volteó a verles con una expresión divertida, quizá para no alimentar el fuego. Tras hacerlo, un par de jovencitas se aproximaron con rapidez hacia él. Despreciarlas no era una opción si quería dar el ejemplo a los que estaban bajo su custodia y, por supuesto, para no perturbar a su adorada Yuuki; así como para mantener la 'armonía' en la academia.
'Por favor, acepte esto'. —se escucharon las voces enamoradas de las jóvenes.
Kaname sonrió, con aparente gentileza:— Gracias. —musitó sin un ápice de sentimiento, recibiendo el par de presentes de las damas.
Pensativo, se alejó de la muchedumbre y de Yuuki, observando la rosa que le había sido obsequiada segundos atrás. Una pequeña caja, quizá de chocolates, era llevado en su mano izquierda, avanzando por los amplios pasillos exteriores de la academia.
Entonces, se detuvo...
—Lamento hacerte esperar, Seiren... —y dicho esto, una figura esbelta y delicada aparece tras de sí, ofreciéndole una respetuosa reverencia.
'Kaname-sama, ¿me llamó?'
Y tras simplemente contemplar la flor, tomó su energía vital, marchitándose como producto de ello.
Luego, le entregó la caja, retirándose ambos de la escena.
#Zero
Lo que mas le fastidiaba al segundo vigilante era lidiar con las estudiantes de la clase de dia las cuales babeaban por los vampiros que se hacían pasar por estudiantes.
Mientras caminaba hacia los dormitorios de la clase nocturna pudo escuchar a lo lejos los gritos eufóricos de las féminas por lo que tuvo claro que llegó tarde a su labor.
Cuando acudió al lugar de la fastidiosa algarabía su molestia fue mayor al ver al presidente Kuran demasiado cerca de la hija del director la cual venía siendo su hermana; sin detenerse a pensar un segundo más, caminó a paso firme hacia la pareja sintiendo su molestia y repulsión hacia el vampiro elevarse por los cielos. Al estar lo suficientemente cerca de ambos no dudó en tomar la mano del presidente Kuran y apartarla con fuerza del rostro de la chica sin molestarse siquiera en ocultar su odio hacia el mas alto.
—Las clases empezaron, deberías irte.—
Soltó sus palabras sin rastro mínimo de respeto seguido por la liberación de la mano del vampiro de una manera poco gentil. No se inmutó en responder a las pocas palabras que este le dirigió simplemente se quedó de pie inmóvil hasta que el vampiro se halla alejado lo suficiente. En cuestión de segundos su mente cambió de situación y ahora estaba al corriente del problema inicial; giró su cuerpo caminando hacia un grupo de estudiantes que persistían en quedarse haciendo que por su mera presencia retrocedieran
—¡Hey ustedes! !Regresen a sus dormitorios! —
Expresó con evidente fastidio ante la efusividad con la cual las estudiantes de la clase diurna recibían y así mismo despedían a los estudiantes vampiros
—Tengo que perseguirlas todos los dias con sus gritos "Kya, Kya, kya". —
Enfatizó su molestia una vez que llegó al lado de la hija del director la cual lo recibió con leves golpes en respuesta a su retraso en su labor
—Eres demasiado transparente, aunque no tenga nada que ver con tu amor hacia él. ¿Entiendes? —
Había sido muy evidente el tipo de mirada que captó dando la más baja al presidente de la clase nocturna, sabia a la perfección que aquella persona la habia salvado tiempo atrás pero aún asi pensaba que la delegada debía esconder de mejor manera sus sentimientos; con cierto desden dirigió su mirada a la silueta del presidente que se alejaba hacia su respectivo salón de clases.
; #aidou_hanabusa.
La noche cayó más pronto de lo que esperó, teniendo a un Hanabusa inquieto y reprimido entre las hostigantes clases. Nuevamente el vejestorio seguía repitiendo las mismas oraciones, tales como: "Son los únicos que han probado estas pastillas de sangre", "¡Ustedes son el orgullo no sólo de esta escuela, sino de toda nuestra raza!". Aburrido, simplemente aburrido.
Pero la cabeza rubia se hallaba ensoñada en otra situación.
— ¡Es toda una molestia! — Bramó el Aidou, presionando el bolígrafo con fiereza para tintar de manera inútil y agresiva el papel. —... Kiryuu Zero, ¡¿quién se cree que es al tomar así el brazo del Presidente de dormitorio Kuran?!
Y sí, estaba enojado con el guardián de la clase diurna por razones estúpidas. Bajo sus muñecas yacían garabatos tras otros, muchos de ellos haciendo alusión al mencionado de una forma cómica y ofensiva, como lo eran los dibujos del mismo con un cuerpo robusto y ciertamente asqueroso.
Estaba ofendido y hastiado de su odiosa actitud, porque ni siquiera él se sentía merecedor de tocar la piel de Kaname Kuran con tanta naturalidad. O más bien, nadie se encontraba con el derecho de tocar y agredir de esa forma a su símbolo de admiración, aquel vampiro de sangrepura que seguramente pasó más desapercibida la situación que él.
Fue entre su ajetreo y la cabeza ardiendo que de reojo vio a Ruka aproximarse, no preparado para su reacción en referencia a la libreta llena de dibujos absurdos del Kiryuu: —"¿Y esto? Es como si estuvieras enamorado de él.", y por supuesto, se sintió incluso más ofendido mientras el ceño se le fruncía.
— ¡¿Quién lo estaría?! — el rubio se apresuró a gritar. — ¡Si pudiera, destruiría a ese estúpido vigilante! — incluso sí sonaba muy agresivo, parecía sincero al pronunciar todo aquello.
Estaba a nada de escupir las mil y un formas en las que podría "destruirlo", pero asimismo calló cuando una voz reconocida hizo presencia e interrumpió su escena.
Las palabras que solemnemente el profesor en turno recitaba, no parecían ser del interés de los alumnos de la clase nocturna, pues, ninguno de ellos se mostraban muy interesados en su charla sobre las tabletas de sangre y lo revolucionarias que éstas eran, cada quien estaba en su propio mundo, por decirlo de alguna forma y algunos otros a punto de "morir" de aburrimiento.
—No es para tanto. —Lo interrumpió Ruka, quien se encontraba sentada sobre el escritorio que compartía con Kain, restándole importancia al tema mientras jugaba con los rubios cabellos que caían sobre su hombro y ante lo dicho, el de cabellos naranja pareció darle la razón cuando un bostezo salió de su boca. En efecto, a ninguno le interesaba.
En ese punto fue otra situacion la que capturó por completo la atención de la vampiresa Souen, quien sin reparo abandonó su lugar para centrarse en lo que su primo hacia. Aidou, estaba más entretenido en plasmar un sin fin de garabatos en su libreta mientras varios improperios salían de su boca, todos dirigidos aún mismo blanco, Zero Kiryuu, uno de los prefectos de la Academia.
La molestia del rubio no hizo más que incrementar cuando ella al robarle la libreta y ver todo lo plasmado en ésta, le insinuó que haciendo eso daba la impresión de que estuviera enamorado de él, más no pudo proseguir ya que alguien más se unió a su charla.
—Pero, ella parece apetitosa... Esa chica. —Shiki había logrado que un silencio sepulcral llenará el aula y todas la miradas de pronto se centraron en él, incluso la de Kuran. Dicha acción despertó la curiosidad de Ruka, ya que en todo ese tiempo el sangre pura no había interrumpido su lectura, sin embargo solo bastó con que alguien mencionara a la hija del director Cross para que él abandonará lo que hacía.
—Pareces muy interesado en esa chica, Kaname-sama. —Hizo ese comentario al aire, como si no le interesará la respuesta, pero sí que lo hacía, por esa razón desvío la mirada del de cabellos castaños pero no pudo contenerse a mirarlo de nuevo al momento en que obtuvo su respuesta.
—Si, tienes razón. —Esas simples palabras bastaron para que el desagrado que sentía por esa chica regresará y pese a que su rostro se mantuvo inexpresivo, por dentro tenía todo un conflicto de emociones, por eso fue que golpeó lo primero que estuvo a su alcance con la libreta que aún sostenía, descargando de esa forma el enojo.
; #Touya_Rima
El bullicio de las jóvenes humanas detrás del gran portón parecía no afectarle en absoluto. De hecho, era algo a lo que estaba acostumbrada. Su trabajo como modelo le exponía a todo tipo de personas, fanáticas de su aspecto y su reservado carisma. Cuando los estudiantes más prominentes se adelantaron, ella solo siguió su curso. Una caja de pokys se ocultaba entre sus libros de texto, avanzando por delante de Shiki; su compañero de trabajo.
Pocas cosas sorprendían a Rima, y su expresión lucía siempre adormilada, neutral, e inmutable. Su aspecto 'adorable' sólo 'aclaraba' el aura tan oscura que parecía siempre rondarle.
Para cuando estuvieron, finalmente, en clases, las palabras del docente parecieron tenerle sin cuidado. Después de todo, ella tenía plena consciencia que sólo eran un grupo escogido como 'conejillos de indias'. Seres nobles pero que habían caído en la desgracia de cargar como 'sujetos de prueba' para la supuesta 'paz' entre humanos y vampiros.
Sentada sobre su escritorio, dándole la espalda a la parte frontal del aula, consumía uno de sus exquisitos palillos de chocolate. Cuando el profesor abandonó la estancia, la conversación de sus compañeros, llena de frustraciones terminó dirigiéndose hasta un par de comentarios que habían llamado su atención; en especial, aquél que Shiki expresó en su momento.
—'Pero... Ella parece apetitosa... Esa chica'.
Y quizá, muy en su fuero interno, le removió.
Empero, la atmósfera del lugar se tornó levemente gélida. Aquella 'apreciación' había sido 'delicada', sobretodo en frente del delegado de la clase y líder del dormitorio. Era bien sabido que, Kuran Kaname, parecía tener un profundo y estrecho vínculo con la prefecta, Yuuki. Era su 'preciada'. Y, por ende, aunque les diera igual aquél detalle, debían cuidar su forma de expresarse o terminarían afrontando las consecuencias de ello; aunque si bien, a Shiki —otra vez— le tenía sin cuidado.
De nuevo, la tensión en el ambiente era notable y, tras percibirlo, decidió romperlo con un simple ademán.
Después de todo, no deseaba que su líder llegara a pensar en tomar represalias contra Senri.
—Toma, comida. —dicho esto, lanzó uno de los palillos de dulce directo hacia él; quien grácil y hábilmente logró atraparlo entre sus labios.
Y una vez llegó la 'noche de los vampiros', era hora de dejar salir sus instintos a flote.