Jugando con el agua, defendiendo nuestros derechos
Agualandia es una acción de sensibilización social replicada en cinco institutos públicos de Andalucía: dos en la provincia de Sevilla, dos en la provincia de Málaga y uno en la provincia de Córdoba.
Lejos de acciones de sensibilización tradicionales, nos interesaba ver qué ocurría si proponíamos ciertas pautas de juego y enfrentábamos el proceso de manera lúdica. Hasta qué punto se podía crear un correlato con la realidad.
La metodología de la primera parte de la intervención ha transcurrido en dos días. El primero, dividimos al alumnado participante en tres grupos: sociedad civil, empresa y estado. De manera colaborativa tenían que levantar una maqueta de un micromundo a partir de un marco propuesto, donde cada grupo asumía una serie de construcciones utilizando materiales reciclados. Los micromundos estaban basados en cinco casos de estudio desarrollados por la Fundación APY - Solidaridad en Acción. Sin embargo, nos parecía interesante que este dato fuese desconocido para los participantes hasta el final de la intervención. Con esto, también ganamos que las participantes vertieran en el micromundo su propio imaginario, lo que nos ha permitido pensar en su idea de ciudad y espacios.
En los micromundos de Agualandia no ha faltado el agua corriendo por ríos y canales hechos con bricks de zumos y botellas de plástico.
Para el segundo día implementamos un juego de rol donde los diferentes actores sociales tenían que tomar decisiones y negociar con los otros grupos sobre el agua del territorio. ¿Hasta dónde pueden llegar las empresas para conseguir sus fines? ¿Qué vías tiene la ciudadanía para hacerse oír? ¿Qué papel cumple el Estado en su mediación y gestión de los territorios?
<<Pasa y es la realidad>>
Esta fase ha estado cargada de aprendizajes. Lo interesante es que la mayor parte de ellos han sido enunciados por parte de las personas participantes en la acción: chicos y chicas de Educación Secundaria Obligatoria.
La primera fase del juego ocurría sin que la ciudadanía actuase: su tarjeta de juego solo daba como opción posible No os enteráis de nada. Sabían que el estado y la empresa tenían más información que ellos acerca de un incipiente problema, pero desinformados no podían hacer nada. Y es que, al igual que en el mundo real, en los micromundos de Agualandia la información lo era todo. Una parte importante del juego pasaba por posicionarse de forma crítica ante las informaciones que los representantes del estado y la empresa anunciaban en plenario.
La posición vulnerable de la ciudadanía arrastraba por lo general una ola de frustración que se iba retroalimentando a lo largo del juego. Pese a movilizaciones, protestas o peticiones formales de información, las participantes se sentían en clara desventaja.
Da igual lo que hagamos, siempre gana la empresa
Día a día los medios de información construyen un ecosistema político donde la corrupción es un hecho recurrente. En Agualandia también la hemos sufrido: no han sido pocas las empresas que intentaron comprar el silencio de los estados para poder continuar su actividad. Daba igual la calidad de vida de la ciudadanía, los pasivos ambientales que generaban a su paso… Dinero, dinero, dinero (aunque fuera de mentira).
Estas situaciones llevaban a engaños a la población, a reuniones fuera de la sala común y medias tintas en los plenarios y comunicaciones públicas.
Género y minorías étnicas
Llevado al terreno de lo simbólico, también nos parecía interesante plantear cuestiones de diferencia de género en Agualandia. Lo hicimos a partir de dos elementos clave:
+ Controlando el número de chicos y chicas que participaban en cada uno de los grupos. Así, había muy pocas mujeres en el grupo de empresa, ninguna en el grupo del Estado y muchas en el grupo de la sociedad civil.
Esto dio pie a reflexionar sobre la democracia, las personas que nos representan y a poner sobre la palestra a Grecia, a Syriza y esperanzas de cambio.
+ En todos los grupos había personas cuidadoras que en determinados momentos no podían acudir a la toma de decisiones. De alguna forma era necesario hablar de retaguardias, de cómo se sostienen la vida, las luchas y lo puramente productivo.
Resultó muy interesante como los propios participantes eran capaces de hacer esta lectura partiendo de su propia experiencia y formación en materias de igualdad de género.
Igualmente, tuvimos la oportunidad de hablar de culturas minoritarias y de la forma en las que cada vez están más amenazadas por las formas globales. De la necesidad de cuidarlas.
Se mostraban especialmente sorprendidas porque hubiera algunas poblaciones indígenas que hubieran decidido aislarse voluntariamente de la sociedad para evitar contarminarse, para preservarse intactas en sus formas de ser y hacer.
La realidad supera a la ficción
Cuando hablábamos de impotencia un poco más arriba, la pensábamos en base a un proceso de dos días de duración y sin un impacto mayor que lo acontecido en el aula del juego.
¿Qué pasa cuando estos procesos llevan desarrollándose veinte años? ¿Cuántas personas tienen que sufrir una enfermedad a causa de los pasivos ambientales? ¿Cómo se visibilizan estas luchas?
¿Hasta dónde podemos dejar que jueguen con el agua?